Viaducto El Saladillo (Fotos Alfredo A. Medina)
A solo 22 kilómetros de San Miguel de Tucumán, rumbo al norte provincial, se levanta el Viaducto El Saladillo, una de las joyas de la ingeniería ferroviaria argentina, ubicado en Tafí Viejo. Este imponente puente de hierro y piedra fue inaugurado en 1883 como parte del tendido del Ferrocarril Central Norte, que unía Tucumán con Salta y Jujuy.

Historia viva de los trenes del norte
El Saladillo fue diseñado para salvar la quebrada del arroyo homónimo y permitió consolidar a Tafí Viejo como epicentro ferroviario, gracias a sus talleres que llegaron a ser los más grandes de Sudamérica. Durante décadas, por sus vías circularon locomotoras a vapor y luego diésel, transportando pasajeros y cargamentos de caña de azúcar, frutas y minerales. Aunque el paso de trenes ya no es cotidiano, la estructura sigue en pie como testimonio de la época dorada del ferrocarril en el noroeste argentino.
Un atractivo turístico y cultural
En la actualidad, el viaducto se ha convertido en un punto de encuentro para senderistas, ciclistas y viajeros curiosos que buscan disfrutar de la naturaleza serrana y de un rincón cargado de historia. Los fines de semana suele recibir a centenares de visitantes, sobre todo familias y grupos juveniles que se acercan a conocerlo, tomarse fotografías y recorrer los senderos que rodean la quebrada.

Cómo llegar
Desde San Miguel de Tucumán, el acceso más directo es por la Ruta Provincial 315, que conecta la capital con Tafí Viejo y atraviesa zonas rurales de gran belleza. Otra alternativa es tomar la Ruta Nacional 9 hasta Tafí Viejo y desde allí dirigirse hacia la zona de El Saladillo. El trayecto en auto demora alrededor de 30 minutos.
Un puente al futuro
El Viaducto El Saladillo no solo es un monumento histórico ferroviario, sino también un emblema de la identidad taficeña. Diversas organizaciones locales promueven su puesta en valor como atractivo turístico y cultural, con propuestas de visitas guiadas y actividades al aire libre. Visitarlo es descubrir cómo el hierro y la piedra pueden convivir con la frescura del monte tucumano, ofreciendo una postal que mezcla pasado, presente y futuro.
