En tiempos en que la identidad cultural parece diluirse en el vértigo del consumo y la fragmentación social, resulta imprescindible volver la mirada hacia quienes piensan en Chile desde la memoria y la cultura. En esta edición de Revista Mandato, conversamos con Hernán Narbona Véliz, presidente de la Sociedad de Escritores de Chile (SECH), filial Valparaíso, quien nos invita a recorrer las fiestas patrias desde la nostalgia de un Chile de puertas abiertas, hasta los desafíos de un presente que reclama reconstruir el tejido comunitario.
Narbona Véliz, es poeta y escritor; administrador público, licenciado en Relaciones Internacionales, columnista de diversos medios de comunicación y miembro de Periodistas Frente a la Corrupción. Con la lucidez de quien ha vivido la historia reciente y la sensibilidad de un escritor, el titular de la SECH, nos habla de sus recuerdos del 18 de septiembre en el Chile anterior a 1973, de los cambios socioculturales que han transformado nuestra manera de celebrar, y de la necesidad urgente de recuperar el espíritu fraterno de la fiesta nacional. Sus palabras trascienden la anécdota: son un llamado a pensar en cómo la cultura puede reconciliar a un país herido, devolviendo al mes de septiembre su sentido colectivo, democrático y esperanzador.
¿Qué recuerdos tienes de tus 18 de septiembre antes del 73?
Los 18 de septiembre en el período democrático, de los cincuenta hasta 1973, me llevan a ese Chile de puerta abiertas, de barrios embanderados, de comités y juntas vecinales organizando los juegos populares, donde decenas de niños participábamos en los ahora llamados “juegos costumbristas”: el emboque, las carreras llevando un huevo en una cuchara que se mordía con fuerza; las carreras de ensacados; el juego de los comilones, que tenían que comerse contra reloj un enorme trozo de pan (el pan Monroy) acompañado de una bebida (que llamaban alojas). Además, venían las volantinadas, donde muchos curaban hilo con vidrio molido y hacían “comisiones” para ver quién mandaba cortado a más competidores. También estaba el palo encebado, que era una especie de mástil de madera que se embadurnaba de grasa para que los que intentaran trepar resbalaran. En la punta del palo encebado estaba el premio que era dinero metido en una bolsa para que el que llegaba arriba pudiera hacerse de él.
Las fondas de barrio y las principales en el Alejo Barrios de Playa Ancha eran romería obligada de las familias. Cada enramada tenía su nombre ingenioso y los anticuchos y las empanadas se combinaban con la chicha, las cantoras y huasos amenizando la fiesta. A los cabros chicos se les compraban alojas con empanadas y cuando en la pista zapateaban la cueca, la tierra se levantaba en la fonda y había excusa para otra corrida de pipeño o de chicha, para despejar la garganta.
Las Fiestas Patrias eran un período de chilenidad donde todos compartían, sin importar rango, estirpe o condición, un verdadero encuentro democrático de todos los habitantes, honrando las tradiciones patrias.
¿Qué recuerdos tienes de tus 18 de septiembre fuera de Chile?
En alguna ocasión, en el período en que trabajaba como Consultor Internacional, en la década de los 90, me tocó pasar un 18 de septiembre en la Embajada de Bogotá, Colombia. Recuerdo que me invitaron a la fiesta junto a la colonia chilena. Las clásicas empanadas, un conjunto folklórico y conjuntos de baile animaban el encuentro. Lo simpático resultó la mezcla musical que se daba entre los asistentes, ya que el baile que más animó la fiesta fue la música local que los chilenos disfrutaban más que las cuecas.
¿Cómo ves los últimos 18 de septiembre, después del 18 de octubre 2019?
El Chile de estos últimos 50 años es muy diferente al que vivimos de niños. Es un Chile tristón, consumista e individualista, con poco ánimo de participación en lo colectivo, con poblaciones casi amuralladas donde no se conoce a los vecinos, en fin un drama que repercute en cómo se celebran los 18 de septiembre. Como se dan períodos festivos largos, mucha gente aprovecha de vacacionar fuera de Chile; otros lo hacen a nivel nacional. Y como hay pocos niños y hay poca vecindad, ya los juegos costumbristas son para los abuelos que sí los conocieron. Lo que se debe reconocer es que a partir del 18 de octubre de 2019 y la pandemia que siguió, se recuperó el barrio, ha habido mayor colaboración en las juntas de vecinos, ya que la ayuda mutua se ha cultivado para mejorar la seguridad, planes cuadrantes, whatsapp de barrios, compre juntos, apoyo a adultos mayores y también para postular a proyectos comunitarios que organizan los municipios. Sin embargo, el espíritu de festividad amistosa no se ha recuperado, las personas andan con ánimo irritable y muy a la defensiva, por lo que en los espacios masivos suelen darse rencillas que pueden pasar a mayores. Antiguamente, a lo sumo algún curado que buscaba bronca era expulsado de las fondas, pero hoy ese personaje puede ser un peligroso pistolero, lo que juego en contra del deseo de ocupar los espacios públicos por las familias del barrio.
¿Cómo esperas que sean las futuras fiestas patrias con un nuevo gobierno?
Que no sean espacio de borracheras ni pendencias peligrosas. Que las familias se integren y que los niños jueguen lo que les puedan enseñar sus abuelos. Fabricar volantines, jugar al emboque, a la Troya, al taca taca o a la rana, son tradiciones que se van perdiendo; organizar juegos en los que los pocos niños que hay, puedan disfrutar sanamente, es una gran aspiración. Pero los padres deben poner de su parte y relacionarse con los vecinos. Un saludo a cada vecino es una forma de comenzar; organizar los juegos de Fiestas Patrias es un buen motivo para conocerse, sin que nadie se sienta mejor que nadie. La chilenidad del roto chileno, de la talla pícara, de la cueca brava, es mucho más que un “disfraz de huaso o de china”, es transmitir la calidad humana del chileno afectuoso y generoso, que se ha venido perdiendo. Fomentar la colaboración en los barrios para ocupar los espacios públicos es una tarea titánica y todo Septiembre debería ser la culminación de un trabajo colectivo de padres, apoderados, vecinos, para llegar al 18 con entusiasmo y cariño por nuestra identidad mestiza.
¿Se puede recuperar el patriotismo de antaño?
El interrogante, para el Escritor, es ¿Cómo se puede desde la Cultura recuperar un 18 de septiembre fraterno? para que no sea septiembre un mes que divida a los chilenos, es necesario desde la voz de los trabajadores de la Cultura, escritores, artistas, mostrar que los valores patrios son transversales, populares y se deben demostrar en la vida cotidiana. Que soñar un país más justo servirá para sanar heridas no resueltas; y ello significa que debemos relacionarnos como pueblo sin miedos ni desconfianzas, conversando en cada familia y en cada barrio, una conversación sobre lo que significa amar a la Patria, respetando al otro, en la diversidad de miradas, para vivir en colaboración solidaria y respeto mutuo.
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Redacción: Directora Literaria de Revista Mandato, Isabel Henríquez Valdés.
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