En el corazón de la literatura chilena hay voces que nacen de la realidad, que no temen sumergirse en lo más hondo de la experiencia humana para transformarla en relato. Tal es el caso de Ana Jiménez Rojas, quien nos presenta su libro Es la vida, una obra que recoge historias intensas, conmovedoras y profundamente humanas.
“Todo lo que escribo es porque me emociona, me conmueve”, afirma la escritora, quien trabajó durante años en el sistema educativo y conoció de cerca el mundo de la reinserción escolar, los entornos familiares complejos y la resiliencia de los jóvenes. Sus cuentos nacen de esos encuentros: de estudiantes que eligen la honestidad, aunque eso signifique enfrentar el castigo en casa, de niños que reconstruyen su mundo tras la pérdida de sus madres, de adolescentes que buscan un sentido en medio de la violencia o la marginación.
Lejos de la crónica o el simple testimonio, la autora transfigura estos episodios en literatura. Se mueve en el terreno de la creación, inventando personajes, diálogos y atmósferas que permiten que el lector se sumerja en cada historia y la viva como propia. Sus relatos son espejo y catarsis: “Durante el proceso de creación siento el peso de sus dolores y también satisfacción por aquellas experiencias más venturosas. Me siguen por doquier, me hacen vivir en dos planos: el real y el que está en mi mente”.
En Es la vida, encontramos historias que nos interpelan como sociedad: jóvenes que son golpeados por su propia familia por hacer lo correcto, niños que imaginan hablar con sus madres fallecidas para seguir adelante, padres que se preguntan en qué fallaron cuando sus hijos toman el camino de la violencia. Es un libro que obliga a mirar de frente lo que muchas veces preferimos ignorar.
La autora reconoce en su escritura un acto de compromiso y de sanación. Cada cuento es un llamado a comprender que detrás de cada historia hay un ser humano que lucha, sufre, ríe y sueña. En tiempos donde la indiferencia parece ganar terreno, su voz se alza como un recordatorio de que la literatura puede ser un puente entre la realidad y la esperanza.
Ana, Es la vida, surge de tu experiencia como orientadora familiar. ¿Puedes contarnos la historia de un caso que te marcó profundamente y que te inspiró a escribir?
En realidad, Es la vida, surge de todas aquellas experiencias que me han conmovido profundamente, no sólo aquellas que ocurren en el ámbito escolar.
Una de las historias que me han conmovido es la de un estudiante del Programa de Reinserción Escolar, que está dirigido a estudiantes que han desertado del nivel básico de educación. Contempla tres niveles con lo que terminan la Educación Básica (de Primero a Octavo año).
La historia comienza cuando la Inspectora avisa que ha perdido su celular, investiga sin éxito. Al otro día el estudiante del programa mencionado se acerca a la Inspectora y le entrega su celular. Le dice que su hermano lo había robado, le da las excusas correspondientes. Todos los miembros de la familia de nuestro estudiante delinquían y en torno a esa actividad, asignaban responsabilidades y formas de operar según el cometido. Sus padres eran muy estrictos en ese sentido, considerando una deslealtad la delación u obstaculización de la ejecución de delitos. Al otro día el estudiante se presentó a la Inspectora General visiblemente descompuesto y portando una mochila que se veía bastante abultada. Se acerca a ella, se sube la polera dejando ver moretones, rasguños, costra en un costado de su espalda. Informa que todos le pegaron por haber devuelto el celular y delatado a su hermano. Le dice a la Inspectora que no puede regresar a su casa por lo que le pide que lo lleven a SENAME. El caso fue entregado a la dupla psicosocial que tramitaron legalmente la incorporación del estudiante a dicha institución. Durante su estadía fue apoyado por los profesionales del Programa PIE en el aspecto curricular hasta que egresó de 8° año Básico. A ese joven le cambió la vida, nos mandó una foto de su graduación, se veía muy feliz.
Entre todas tus experiencias, ¿cómo decidiste qué historias incluir y cuáles dejar fuera del libro?
Todo lo que yo escribo es porque me emociona, me conmueve, eso es para mí lo fundamental, por lo tanto, no elegí ninguna historia, incorporé todas las que había terminado hasta la fecha que me dio el editor.
En tus cuentos hay aprendizajes que trascienden a lo familiar. ¿Puedes narrar un momento en que un desafío familiar se transformó en una enseñanza inesperada?
En el medio que trabajé se viven experiencias fuertes tanto en el ambiente familiar como en el contexto barrial y marcan la vida de los jóvenes para bien o para mal. Hay familias funcionales y disfuncionales que no son factores que aseguren que los jóvenes hayan aprendido el buen vivir según nuestros valores. La influencia de los grupos de pares en la escuela o en el barrio son decisivos. He conocido alumnos que provienen de familias con problemas serios y han llegado a ser profesionales y otras bien constituidas cuyos hijos hasta se han convertido en delincuentes.
Ejemplos hay muchos: un estudiante que desde el nivel pre-básico recibió el apoyo de sus padres en forma permanente e incondicional, pero cuando fue adolescente mató a un joven que estaba molestando a su polola. Finalmente terminó en la cárcel. Sus padres quedaron devastados. Se cuestionaron qué hicieron mal, en qué se equivocaron que llevó a su hijo a terminar en delincuente.
Al contar experiencias reales, ¿hubo alguna historia que te resultó difícil de relatar? ¿Cómo lograste respetar la confidencialidad y a la vez hacerla literaria?
No hay historias que me hayan costado narrar más que otras. Las escribo como si la mente las estuviese dictando, las tenía en mi corazón, sólo faltaba registrarlas. Yo me muevo en el campo de la literatura, nunca en otros géneros como pudiese ser la crónica, un tratado, un texto científico, etc. Que se enmarque en los géneros literarios implica crear, imaginar el relato basado en la realidad, circunscrito a un contexto histórico social determinado. Por lo tanto, los personajes deben ser creados y ejemplos en la literatura chilena tenemos hartos como Sub-Terra, Sub- Sole de Baldomero Lillo, Adiós al Séptimo de línea de Jorge Inostroza, Martín Rivas de Alberto Bles Gana, etc.
Muchos de tus cuentos reflejan emociones intensas: alegría, dolor, esperanza. ¿De tus relatos, cuál consideras que refleja mejor la esencia de la vida tal como la vivís en tu trabajo?
Todos los cuentos han sido creados sintiendo intensamente lo que les ocurre a los personajes cuando intentan luchar contra las adversidades que la vida les puso en el camino. Durante el proceso de creación siento el peso de sus dolores y también satisfacción por aquellas experiencias más venturosas. Me siguen por doquier, me hacen vivir en dos planos : el real y el que está en mi mente, por eso suelo ser distraída. Cuando termino me siento aliviada como si fuese un parto, contenta de haber terminado tanto dolor, pero muy cansada de tanto sentir.
¿Puedes compartir un relato breve para que los lectores puedan leer casi como un micro-relato, y que deje una enseñanza o reflexión inmediata?
Relato: dos inspectoras de una escuela estaban en el recreo cuidando a los estudiantes. Se fijaron en uno en especial: Francisco. Les extrañaba verlo corriendo, jugando a la pelota, abrazando a sus amigos, riendo. Hace poco su madre había fallecido totalmente calcinada por un ajuste de cuenta. Era adicta y solía verse envuelta en problemas de esa índole. Por eso la extrañeza de las inspectoras. La directora citó a su padre para evaluar el proceso de reparación emocional que le estaban proporcionando los profesionales de la comuna. El padre informó que Francisco, había adherido totalmente a la intervención ofrecida y que en la casa también se le observaba como siempre.
Agregó que lo que más le estaba ayudando era que le dijeron que mamá se había cambiado de domicilio por largo tiempo y que ahora estaba viviendo en el cementerio, pero que todos los domingos la visitarían. Así fue y se le hizo una costumbre. Siempre iba con un celular, lo enterraba en la tierra y comenzaba la conversación con su madre. Le hablaba como le estaba yendo en la escuela, como estaban sus hermanitos, como estaba el jardín, etc. Francisco no se explicaba por qué la gente lo trataban con tanta preocupación hasta con lástima, él les aclaraba que conversaba una vez a la semana con su mamá y que pronto regresaría su casa.
El Psicólogo tratante le había dicho que dejara vivir su fantasía y que a medida que vaya creciendo, sólo se daría cuenta de la realidad. Pasó el tiempo, Francisco terminó su Octavo año Básico con la misma energía de siempre.
Desde tu experiencia como docente, ¿cómo creés que los relatos pueden ayudar a estudiantes o familias a comprender situaciones complejas de la vida cotidiana?
Relatando historias que les sean significativas, éstas son aquellas que reproducen situaciones que puedan identificar en su medio más cercano. Es como mirarse al espejo y verse retratados en su actuar desde fuera con todo el tiempo que lo requieran (pueden releer las historia) y teniendo la privacidad para expresar sus más íntimas emociones a través de un proceso catártico. Eso les hará tomar conciencia equilibrando la razón y las emociones.
Descargar aquí la Entrevista a Ana Jiménez Rojas

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