El Miniisterio de Obras, Infraestructura y Transporte Público, a través de la Secretaría de Transporte y Seguridad Vial, adhirió al Día Mundial en Recuerdo de las Víctimas de Accidentes Viales, una jornada instituida por la ONU para honrar a quienes perdieron la vida y para promover acciones de prevención en todo el planeta.
Como parte de esta conmemoración, la fachada de la Casa de Gobierno de Tucumán se iluminó de amarillo desde las 21:00 del sábado hasta las 6:00 del domingo 16 de noviembre, en memoria de las víctimas y como un llamado urgente a la responsabilidad vial. El color, asociado internacionalmente a la precaución y la alerta, se convirtió en un símbolo de solidaridad hacia las familias que aún buscan respuestas, justicia o, al menos, la tranquilidad de que nadie más deba atravesar su mismo dolor.
La medida fue impulsada por el ministro Ing. Marcelo Nazur, a partir de la propuesta elevada por la Agencia Nacional de Seguridad Vial al Consejo Federal de Seguridad Vial, del cual forma parte el secretario de Transporte, Vicente Nicastro. El gobernador Osvaldo Jaldo acompañó la iniciativa, que forma parte del compromiso provincial por reducir la siniestralidad y fortalecer las políticas públicas de prevención.
Acto de memoria y reflexión
En ese contexto, Nicastro sostuvo que “Encender la Casa de Gobierno de amarillo es un acto de memoria y un llamado urgente a la reflexión. Detrás de cada siniestro vial hay una vida y una familia. Desde la Secretaría impulsamos controles y educación vial, pero la responsabilidad es de todos. Honramos a las víctimas reafirmando nuestro compromiso de reducir la siniestralidad en nuestras rutas y calles, porque cada vida salvada es un logro para toda la comunidad”.
La seguridad vial continúa siendo una deuda social pendiente. Miles de personas mueren cada año en las rutas argentinas, muchas veces por exceso de velocidad, alcohol al volante, imprudencia, falta de controles o abandono estatal. La iluminación amarilla, entonces, no solo recuerda, tambien nos interpela.
Vidas perdidas
La luz amarilla se apaga al amanecer, pero los nombres de quienes murieron siguen encendidos en el dolor de sus familias. La pregunta que queda flotando es incómoda, pero necesaria, ¿cuántas vidas más deberán perderse para que dejemos de naturalizar lo evitable?
Si la memoria no se convierte en acción, si la advertencia no se transforma en cambio, las luces de homenaje no serán más que destellos tardíos sobre ausencias irreparables. Y en materia vial, llegar tarde siempre se paga con vidas.