Con las obras recientemente anunciadas, el Aeropuerto Benjamín Matienzo se prepara para dar un salto decisivo en su capacidad y en su rol dentro del norte argentino. La ampliación permitirá duplicar el flujo de pasajeros, pasando de 800 a 1.600 personas, y habilitar la operación de hasta cinco vuelos simultáneos, un avance que fortalece la conectividad local y potencia los enlaces nacionales e internacionales.
Pero la transformación va más allá de la infraestructura, significa un cambio profundo en la experiencia de viaje, con procesos más ágiles, mayor comodidad y una operación más eficiente. Según destacaron las autoridades provinciales, se trata de la intervención más trascendente en décadas dentro del sistema aeroportuario del NOA, y posiciona al aeropuerto como “una puerta de entrada moderna y eficiente para la región”.
La obra, estratégica para el presente y el futuro, proyecta un impacto directo en el turismo, la logística y la economía tucumana, pilares que sostienen el desarrollo del Jardín de la República. Con esta renovación, Tucumán reafirma su mirada de largo plazo, con una infraestructura que acompaña el crecimiento, conectividad para acercar oportunidades y un aeropuerto preparado para recibir a quienes llegan y despedir a quienes parten, con la identidad y la fuerza propia de la región.
