En un territorio que históricamente se asocia al azúcar, al limón y a los cultivos tradicionales del pedemonte, una nueva apuesta productiva comienza a tomar forma. Y ahora, esa intuición tiene respaldo internacional.
La misión inversa organizada por el Instituto de Desarrollo Productivo (IDEP Tucumán), en el marco del Programa Provincial de Promoción del Café, trajo a la provincia a dos referentes clave del mundo cafetero colombiano: Jaime Arboleda Palacio, subdirector ejecutivo del Centro de Ciencia y Tecnología de Antioquia, y Yenny Velásquez Alzate, gestora de relaciones de la Asociación Colombiana para la Excelencia del Café. Ambos recorrieron plantaciones en Horco Molle, Tafí Viejo y Famaillá; visitaron la Fundación Miguel Lillo, la Estación Experimental Obispo Colombres; y compartieron instancias técnicas con productores y científicos. La conclusión fue unánime: Tucumán tiene un ecosistema privilegiado para producir un café distinto, competitivo y con identidad propia.
Un recurso dormido en el pedemonte
Durante la apertura de la 2° Jornada Provincial de Café en la FET, el vicepresidente del IDEP, Juan Casañas, fue directo:
“La provincia tiene entre 8.000 y 9.000 hectáreas que hoy no generan nada. El café puede ser una alternativa estratégica y, si lo convertimos en política pública, puede transformar nuestra matriz productiva”.
El entusiasmo se vio reforzado por la mirada de los especialistas colombianos. Tras evaluar suelos, altitud, humedad y prácticas locales, confirmaron lo que los productores tucumanos vienen sosteniendo desde hace años: el pedemonte tiene todo para convertirse en un corredor cafetero.
Tecnología, conocimiento y territorio
“Estamos sorprendidos por las capacidades que hemos visto, tanto en los productores como en las instituciones aliadas”, señaló Arboleda Palacio.
Para el experto, el triángulo entre productores, centros de investigación —Fundación Miguel Lillo y EEAOC— y el Estado provincial constituye una base sólida para desarrollar un café de especialidad que pueda competir internacionalmente.
Velásquez Alzate, por su parte, puso el foco en otro aspecto:
“Aquí hay conocimiento, hay tecnología, y hay una red de investigación capaz de responder a los desafíos del cultivo. Tucumán tiene condiciones excepcionales y un futuro muy prometedor”.
La especialista destacó la calidad de las plantaciones, el diseño de los viveros y el trabajo que se viene haciendo desde empresas locales como Vivero Citrus, en Lules, que impulsa el desarrollo de plantines para abastecer la demanda futura.
Un sector que se articula y mira al futuro
La misión incluyó discusiones técnicas sobre genética, impacto ambiental, productividad y proyección sensorial del café tucumano. También permitió verificar el empuje de los productores locales y su capacidad de absorber buenas prácticas provenientes de otras regiones cafeteras del mundo.
En la FET, donde más de cien participantes cerraron la jornada técnica, Velásquez Alzate resumió la experiencia:
“Nos vamos con la certeza de que Tucumán tiene un potencial enorme. Gracias por abrirnos las puertas y mostrarnos este camino en construcción”.
Una apuesta que trasciende la economía
La iniciativa no solo implica diversificación productiva. Supone también reactivar territorios del pedemonte, fortalecer la economía rural, promover prácticas sustentables y construir una nueva identidad agroproductiva para la provincia. El café tucumano ya no es un sueño experimental. Con el aval colombiano y una red institucional robusta, comienza a perfilarse como una marca de futuro.