En un escenario internacional marcado por tensiones geopolíticas, reconfiguración de alianzas y disputas por mercados y recursos, América Latina y Europa dieron un paso histórico al avanzar en la asociación estratégica entre el MERCOSUR y la Unión Europea. Más allá de lo estrictamente comercial, el acuerdo se presenta como una apuesta política de largo alcance para consolidar una relación birregional basada en valores compartidos, reglas claras y proyección global conjunta. Las autoridades latinoamericanas y europeas coincidieron en destacar los beneficios del acuerdo para los países y sus ciudadanías, la oportunidad de concretarlo en el actual contexto internacional y la centralidad de los valores comunes entre ambos bloques.
Diplomacia e integración
En ejercicio de la presidencia pro tempore del MERCOSUR, el presidente de Paraguay, Santiago Peña, calificó el acuerdo como “Un logro de la diplomacia regional” y una afirmación de la vocación integradora del bloque. Desde ese lugar, remarcó que el verdadero objetivo es que el acuerdo beneficie a sus principales destinatarios, señalando que “Los millones de ciudadanos europeos y latinoamericanos a partir de su implementación verán mejoras sustanciales en sus vidas”.
Peña situó así al acuerdo no solo como una herramienta económica, sino como una política pública con impacto directo en el bienestar social.
Europa y la dimensión histórica del pacto
Por su parte, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, subrayó la magnitud global del entendimiento manifestando que “Estamos creando la mayor zona de libre comercio del mundo, con 700 millones de personas y un PBI equivalente al 20% del producto global”. Además, dejó una definición política clave al señalar que cuando dos regiones como América Latina y Europa “Hablan con una sola voz en el escenario mundial, el mundo escuchará”, reforzando la idea de una alianza con capacidad real de incidir en el orden internacional.
Argentina y la consolidación del bloque
El presidente argentino, Javier Milei, definió al acuerdo como “El mayor logro alcanzado por el bloque desde su creación”, y pidió que durante la etapa de implementación se preserve fielmente “El espíritu de lo negociado”, recordando que los 25 años de trabajo diplomático obligan a los países a estar a la altura del momento histórico.
Su intervención colocó el foco en el desafío inmediato de transformar el acuerdo político en resultados concretos.
Europa: prosperidad compartida, no hegemonía
Desde Bruselas, el presidente del Consejo Europeo, António Costa, aportó una mirada estratégica al afirmar que “Puede que este acuerdo llegue tarde, pero llega en el momento oportuno”. Costa fue claro al diferenciar esta asociación de lógicas imperiales o de dominación aseverando que “No aspiramos a crear zonas de influencia, sino esferas de prosperidad compartida, basadas en la confianza, la cooperación, el respeto y la soberanía de nuestras democracias”.
Y reforzó su opinión al decir que “No pretendemos dominar ni imponer, sino fortalecer los vínculos entre nuestros ciudadanos y empresas”.
Uruguay y la necesidad de modernizar el MERCOSUR
El presidente uruguayo, Yamandú Orsi, destacó que se apuesta «Por reglas en tiempos de volatilidad y cambios permanentes”. En mandatario advirtió, además, que el acuerdo interpela directamente al MERCOSUR y lo obliga a modernizar su agenda externa y consolidar su integración regional como plataforma para proyectarse con mayor fuerza en el mundo.
Bolivia y la ampliación del bloque
Desde una perspectiva geopolítica más amplia, el presidente de Bolivia, Rodrigo Paz, sostuvo que América es un continente que atraviesa el globo “del Polo Norte a la Patagonia”, lo que constituye un verdadero poder estratégico que debe ponerse al servicio del desarrollo de las naciones. Asimismo, lamentó que su país no haya integrado el MERCOSUR desde 1991 y reafirmó que «Haremos todos los esfuerzos para ser miembros plenos”, recordando que Bolivia se encuentra actualmente en proceso de incorporación de la normativa regional.
Brasil: desarrollo sostenible e inclusión
El canciller brasileño, Mauro Vieira, planteó que el acuerdo sienta las bases de una relación estable entre ambos hemisferios, orientada al desarrollo sostenible y al bienestar social.
Proyectó impactos concretos:
más empleo, mayores inversiones, integración productiva, acceso ampliado a bienes y servicios de calidad, innovación tecnológica y crecimiento económico con inclusión social.
Brasil ubicó así al acuerdo como una herramienta no solo comercial, sino estructural para el desarrollo.
Panamá y la ampliación de la red MERCOSUR
El presidente panameño, José Raúl Mulino, recordó que en 2025 la Asamblea Nacional de su país aprobó por unanimidad su membresía como Estado asociado al MERCOSUR, destacando que “Estamos orgullosos de ser asociados al MERCOSUR”. Y reafirmó su compromiso de apoyar acuerdos que amplíen la libertad económica y reduzcan regulaciones excesivas, alineando su política exterior con la lógica aperturista del bloque.
Dimensión económica del acuerdo
Luego de 35 años de proceso de integración regional latinoamericano, la asociación estratégica MERCOSUR–Unión Europea implica:
. Un mercado integrado de 700 millones de habitantes.
. Un PIB conjunto equivalente a una cuarta parte del PIB mundial.
. Una corriente comercial que ronda los 100.000 millones de dólares anuales.Se trata, en términos estrictos, de uno de los mayores espacios económicos integrados del planeta.
Redefinición del posicionamiento internacional de América Latina
Este acuerdo no puede leerse solo como una apertura de mercados. Representa una redefinición del posicionamiento internacional de América Latina, que deja de ser un actor periférico para constituirse en socio estratégico de una de las principales potencias económicas del mundo.
Para el MERCOSUR, el desafío es doble:
aprovechar la oportunidad para diversificar exportaciones, atraer inversiones y mejorar competitividad;
y, al mismo tiempo, resolver sus propias asimetrías internas para no profundizar desigualdades entre sus miembros.
Para Europa, la alianza ofrece una vía para asegurar suministros estratégicos, fortalecer cadenas productivas y proyectar estabilidad política en una región clave.
Retos del Mercosur
La asociación MERCOSUR–Unión Europea inaugura una etapa donde la integración deja de ser un discurso para convertirse en arquitectura concreta de poder económico y político. Sin embargo, su verdadero éxito no dependerá solo de firmas y protocolos, sino de la capacidad de los Estados de traducir este acuerdo en desarrollo real, empleo, innovación y cohesión social.
En tiempos donde el mundo se fragmenta, esta alianza propone un camino alternativo de cooperación entre regiones, respeto mutuo y prosperidad compartida. El reto ahora es que esa promesa se materialice en la vida cotidiana de los ciudadanos latinoamericanos y europeos.