Hay escritores que llegan a la literatura desde la lectura voraz y otros que lo hacen desde un impulso más primario, desde la necesidad de decir, de ordenar el mundo con palabras propias. Enzo Farías Molina pertenece a este segundo linaje. Antes que poemas, sus textos fueron canciones; antes que libros, cuadernos llenos de letras escritas a escondidas en el colegio, mientras el futuro se ensayaba en forma de banda imaginaria. Con el tiempo, la música y la escritura dejaron de ser caminos paralelos para convertirse en un mismo gesto creativo.
Radicado en la región de Coquimbo, Farías Molina, ha construido una obra que dialoga con la memoria, la emocionalidad y el paisaje, no solo el visible, sino también el social y el íntimo, transitando por la poesía, la narrativa breve y la experimentación. Campos de Hielo, lanzado en formato digital en enero de 2026 bajo su propio sello, Puerto Oscuro Ediciones Independientes, condensa años de escritura acumulada y marca un punto de inflexión, el momento de soltar, de confiar y de avanzar. En esta entrevista con Revista Mandato, el autor reflexiona sobre su recorrido creativo, la fusión entre música y literatura, la autogestión como horizonte posible y la convicción de que escribir es un acto que se sostiene más allá de cualquier promesa de publicación.
¿Cuándo y cómo descubrió su vocación por la escritura y la composición musical?
Desde pequeño me gustó escribir, incluso más que leer. Nunca fui un gran lector. Prefería capear clases en el colegio escribiendo las letras para las canciones que compondría de grande, cuando armara mi propia banda. Para mí nunca fueron poemas, eran canciones. La composición musical como tal vendría ya de grande, cuando aprendí a juntar acordes con la guitarra y conseguí calzarles las letras. Ese momento fue alucinante. Fue como aprender a escribir o a leer de nuevo, pero en otro idioma. Un idioma nuevo, especial, solo mío, y que me llenaba el alma.
¿Hubo un momento específico que marcó el inicio de su camino creativo?
No sé si hubo un momento en particular. Es algo que de una u otra forma siempre estuvo presente. Pasó desde la imaginación y los juegos infantiles al papel, casi de una forma natural.
Antes de Campos de Hielo, usted trabajó con poesía, relatos breves y experimentos literarios. ¿Qué experiencias personales lo impulsaron a explorar distintos géneros?
Bueno, todo es personal. Incluso cuando uno escribe algo y cree que está creando, se termina dando cuenta que de una u otra forma siempre hay migajas de nuestras propias experiencias repartidas a lo largo del texto. No podría ser de otra forma, creo. A veces más conscientemente, otras sin darse cuenta, pero siempre algo de nuestra experiencia y vivencias se traspasa a la escritura.
Su residencia en el puerto de Coquimbo ha sido significativa para su vida y obra ¿De qué manera los paisajes, sonidos y la vida cotidiana de esa ciudad han nutrido su sensibilidad literaria?
La región de Coquimbo es hermosa, tiene una magia especial que alimenta lo creativo. Partiendo desde lo más evidente que es el hecho de que Gabriela Mistral es hija de esta región y con eso basta para sentir un aura especial, algo en el aire que cruza desde el corazón del valle del Elqui hasta el puerto mismo. Se respira poesía por todos lados. El puerto mismo esconde un sin fin de misterios, leyendas, historias de piratas y corsarios. Es fuente inagotable para el que quiera encontrar de donde agarrarse a la hora de escribir. En mis escritos claro que también ha influido, y no solo por sus paisajes, su historia. Sus problemáticas también forman parte del todo, como por ejemplo la enorme escasez hídrica que año tras año complica a la pequeña agricultura local a causa de las mineras y grandes corporaciones que acaparan el agua para sí.
¿Cómo se entrelazan su formación musical y literaria con su experiencia vital?
No se entrelazan, son un todo. Van unidas, se nutren y se complementan. Avanzan por el mismo carril, no podrían separarse.
¿Siente que escribir es una forma de ordenar o traducir vivencias personales, emociones o recuerdos?
Claro. La poesía navega por la emocionalidad, expectora y de cierta forma libera, algunas veces más que otras. En cambio la narrativa se mueve más por los recuerdos, las vivencias y esas cosas que quisiéramos fueran reales o alcanzables, pero que no están en nuestras manos, no dependen de uno. En varios de mis relatos incluyo vivencias o recuerdos como una forma de archivar y así evitar que el paso del tiempo termine por borrarlos de mi mente.
La literatura puede ser un refugio, un desafío o una forma de diálogo con el mundo. ¿Cuál ha sido su motivación principal para continuar escribiendo durante estos años?
Cuando comencé a escribir, sin dudas fue con el fin de encontrar un refugio para sentimientos y cosas que no quería compartir con nadie. Hoy lo veo más como un desafío hacia mí mismo, evolucionar y retarme a abandonar la comodidad, de lanzarme al vacío, intentar nuevos estilos, etcétera. Si eso, y el hecho de publicar sirven a su modo como una forma de dialogar con el mundo, creo entonces que habré desbloqueado otro nivel que conscientemente no esperaba desbloquear jajajaj
Durante su trayectoria, ha participado en talleres y concursos literarios. ¿Qué influencia tuvieron estas experiencias en su desarrollo como escritor y en la concepción de Campos de Hielo?
Principalmente agarrar confianza y tomar altura. Atreverse. Siempre es bueno que a uno le digan o le hagan sentir que lo que hace está bien encaminado. El reconocimiento es un pasito, uno cortito, pero siempre hacia adelante. El taller Kenningar de la Fundación Pablo Neruda fue una experiencia muy enriquecedora, donde pude por primera vez quedar expuesto ante los ojos de otros colegas, escritores geniales y que estaban en la misma sintonía. De hecho, en el transcurso de ese taller fui ideando lo que terminó por ser Campos de Hielo.
Campos de Hielo
¿Podría contarnos que temas aborda Campos de Hielo? ¿Qué detonó en usted la necesidad de escribir Campos de Hielo?
El detonante fue la confianza. El sentir que era el momento de soltar. Soltar para poder avanzar. Entender que era tiempo de plasmar en una obra, con la mayor contundencia posible, años de escritos que se acumulaban entre cuadernos y archivos de Word. El libro en sí aborda varias temáticas, algunas quedan en evidencia de inmediato, otras se camuflan, pero terminan saliendo a flote. Es personal, por lo cual está lleno de las inquietudes y emociones que atraviesan a la humanidad, al ser, temas universales. Es un libro muy musical, hay muchas referencias y varios de los relatos se basan en canciones. De hecho, tiene hasta una banda sonora en Spotify, a la que se puede acceder directo buscando la playlist «Campos de Hielo» o a través de un código QR incluido en el libro físico.
¿Fue una imagen, una experiencia sensorial o una inquietud filosófica que no encontraba reposo?
Como hablamos antes, fue la necesidad de soltar y avanzar. Cada pensamiento humano es filosofía en estado puro, por lo que tampoco escapa a eso.
Campos de Hielo se presenta en formato digital. ¿Cómo influyó este soporte en la forma y en el lenguaje de la obra?
En nada. La decisión de publicar en formato digital respondió simplemente a usar una herramienta más, de las tantas disponibles, para acercar el libro a un público o generación que usa este formato, cada vez más popular, pero que en lo personal no compite con el libro impreso. También está la intención de poder abarcar un mercado más amplio al que se puede llegar en este momento a través de una editorial independiente.
El título evoca paisajes extremos, blancura y vacío. ¿Es el hielo un símbolo metafórico, una geografía interior, o un registro emocional de su escritura?
Puede que haya un poco de todo eso. Tarea para la casa jajajaj
¿Cómo dialoga su experiencia como compositor con la construcción de los poemas o textos en este libro?
Podría decir que, en lo técnico, si tiene métrica y rima es canción, el resto es poema. La narrativa es diferente, la abordo de otra forma. No la meto en el mismo saco, son otros los códigos.
¿Cómo dialoga esta imagen (Campos de Hielo) con su biografía, su lugar de residencia y sus experiencias vitales?
Con el lugar de residencia, absolutamente nada jajajaj. Coquimbo es lo contrario al sur. La imagen es más que todo la idea del sur, de lo austral, de la Patagonia. La sensación de amplitud inhóspita que puede hallarse dentro de cualquiera de nosotros. Siempre es bueno evocar e ir hasta esos parajes, ojalá pudiera ir más.
¿Qué papel juega en su escritura ese umbral entre realidad y percepción ampliada de la experiencia?
Todo es suma. Ir hasta ese umbral, jugar a que lo traspaso y no lo hago, y luego paso sin pedir permiso. Regreso, me quedo y respiro. La realidad se puede estirar como un elástico y transformar en algo más, tantas veces y de la forma como se quiera. Está en uno como creador ver si cruza o no esa línea, si saca algún truco del sombrero o si se dedica a transcribir los hechos al pie de la letra.
¿Dónde sitúa Campos de Hielo dentro de esa evolución?
En el punto de partida. Reúne lo mejor que he conseguido hacer hasta hoy como escritor, por lo cual también se puede ver como un punto alto, pero recién es el comienzo de algo, a lo que con suerte y mucho trabajo, podríamos llamar dentro de algún tiempo, una carrera.
¿Qué autores o movimientos estéticos siente que dialogan con esta obra?
Difícil responder a esa pregunta, sobre todo cuando no hay un afán de búsqueda referencial o estilística premeditada en cuanto a lo literario. Siempre me he sentido más cercano a letristas que a escritores, y si es en ese aspecto, no sé, podría citar influencias de la lírica de Bowie, Leonard Cohen, Lennon, Patty Smith, Lou Reed, Neil Young, Spinetta, Charly García y Jorge González (sin dudas), Violeta Parra, Álvaro Henríquez, y tantos otros. De escritores y estilos mejor que opinen los que saben jajajaja.
¿Qué preguntas o respuestas esenciales espera que el lector se lleve después de recorrer este libro?
Ojalá que muchas más preguntas que respuestas. No es un libro de guía espiritual, no pretende develar ningún secreto ni entregar respuestas a nada. Creo que abre flancos para los cuestionamientos, como saber en qué lugar, tiempo y espacio estamos parados. Detenerse a reflexionar cómo y por qué llegamos hasta acá. Respirar. Tomar un tiempo para respirar, que es tan importante en estos días, y no me refiero al ejercicio mecánico de la respiración, sino a tomarse las cosas con altura de miras y pensar un poquito más en el todo que en el yo, antes de seguir adelante. Nada más pedante que creer tener todas las respuestas.
¿Incurrir en el formato digital del libro, qué expectativas le genera?
Poder estar al alcance del creciente mercado de lectores que acceden a la lectura en formato digital, además de alcanzar los lugares donde la edición independiente de libros físicos, por ahora, no llega.
Al mirar hacia adelante, ¿qué nuevas búsquedas temáticas o formales anticipa para su siguiente proyecto? ¿Habrá continuidad o quiebre respecto a Campos de Hielo?
No habrá un Campos de Hielo 2, de ninguna manera. No podría plagiarme a mí mismo jajajaj Pero vendrá más poesía, eso es seguro, algún poemario saldrá más adelante. Por otro lado, estoy empezando a trabajar un nuevo libro, lo más probable es que sean cuentos. Me interesa mucho explorar los límites de la naturaleza humana, tanto en lo psicológico (aquello que pensamos pero que no decimos porque nos asusta a nosotros mismos de tan solo pensarlo), como en el actuar. Ese lado oscuro que todos escondemos.
¿Dónde puede adquirirse Campos de Hielo?
El libro sale este viernes 30 de enero, y por ahora, estará disponible en formato digital a través de Amazon.com Dentro de las próximas semanas saldrá la edición física que se comercializará mediante Puerto Oscuro Ediciones Independientes.
Usted ha transitado por distintos géneros y formatos, y ha publicado tanto en medios digitales como en concursos nacionales. Desde su experiencia, ¿cómo percibe hoy la escena literaria chilena y las oportunidades que existen para que nuevos escritores publiquen sus obras?
De la escena literaria chilena no podría hablar, porque no estoy inmerso en ella, pero puedo responder desde la independencia y de lo que percibo en las diferentes ferias y eventos literarios. Hay hambre de querer ser leidos, no tengo tan claro si todos los escritores quieren ser publicados o tener un libro que defender, o si basta con mostrar a cuentagotas sus escritos en la red, pero sea como sea, todos persiguen su sueño de la mejor manera que pueden. Tras cada autor hay una idea, un sueño, y todos, absolutamente todos, son válidos y plausibles. Los tiempos han cambiado, y al igual como en la música la gran industria cedió terreno ante la autogestión, en el mundo de las letras pasa igual. Las grandes editoriales tienen su negocio, cuidan sus intereses y a sus autores más rentables, a los demás ni los pescan. Pero afuera, en la calle, habemos un sin fin de creadores que, a punta de un esfuerzo que a veces trasciende nuestras propias capacidades, sacamos adelante y cimentamos nuestra propia historia. Hay un mundo maravilloso en la autogestión, mucho talento, muchas ganas.
Muchos autores escriben desde hace años, pero todavía no han visto sus textos publicados. Desde su experiencia, ¿qué consejo o mensaje les daría para mantenerse motivados y encontrar oportunidades de difusión?
Publicar es una consecuencia de escribir, nunca debería ser el fin por el cual se escribe. Como dicen, cada día tiene su afán. No tengo un consejo, no tengo tanto ego jajaja. El mensaje quizás sería que escriban, escriban hasta la tumba.
Escribir es el centro de todo
A lo largo de la conversación, Enzo Farías Molina esquiva las certezas solemnes y las recetas fáciles. No idealiza el camino del escritor ni romantiza la publicación como llegada triunfal. Por el contrario, insiste en una idea tan sencilla como exigente, escribir es el centro de todo. Lo demás (el libro, el reconocimiento, la circulación), llega o no llega, pero nunca debería dictar el sentido del acto creativo. En tiempos donde la ansiedad por ser leído convive con nuevas formas de difusión y con una escena cultural cada vez más autogestionada, su mirada propone volver a lo esencial, al oficio, a la constancia, al desafío personal de seguir escribiendo incluso cuando no hay garantías. “Publicar es una consecuencia”, afirma, casi con pudor. Y deja, como cierre abierto, una consigna que funciona más como ética que como consejo: escribir hoy, escribir mañana, escribir hasta la tumba.
Enzo Farías Molina (Santiago de Chile, 1980)
Escritor, poeta y cantautor. Entre sus obras se encuentra «Libro Negro: Textos y Narraciones Apócrifas» (2009); «¿Cómo llegamos con vida a este lugar?» (2014) y Episodios: Libro Tercero (2017). Ha sido reconocido por su narrativa y poesía en diferentes certámenes a nivel nacional, como por ejemplo el III Concurso de Textos Breves Beatriz «Tati» Allende Bussi, organizado por la Plataforma Socialista de Chile; el Concurso de Poesía Lucila Godoy Alcayaga: Campesina Nuestra organizado por la Ilustre Municipalidad de Coquimbo y Casa de las Artes Rural de La Cantera; y el Centro Cultural Alejandro Chelén Rojas de Coquimbo. El año 2024 participó del Taller Kenningar de la Fundación Neruda. Durante los años 2024 y 2025, varios de sus trabajos fueron publicados en medios digitales a nivel nacional e internacional (Perú, Colombia, Venezuela, México, España e Italia). En noviembre de 2025 funda la editorial Puerto Oscuro Ediciones Independientes, a través de la cual, en enero de 2026 edita su primer libro, bajo el título «Campos de Hielo».
Descarga aquí la Entrevista al Escritor Enzo Farías Molina