En épocas donde cada compra cotidiana se vuelve también una decisión ética, ambiental y económica, el Congreso avanza en una iniciativa que podría cambiar la forma en que consumimos. No se trata solo de etiquetas o sellos, sino de transparentar la historia ambiental de los productos que llegan a nuestras manos: cómo se producen, qué impacto generan y qué huella dejan. Bajo esa premisa, una norma que crea un sistema voluntario de ecoetiquetado de productos será analizada por la Sala, tras su aprobación general en la Comisión de Medio Ambiente.
Un proyecto para fortalecer la información ambiental
La iniciativa modifica la Ley sobre Protección de los Derechos de los Consumidores con el objetivo de fortalecer la información ambiental disponible para la ciudadanía. El proyecto, en primer trámite constitucional, tuvo su origen en una moción presentada por los senadores Alfonso De Urresti, Francisco Chahuán, Sergio Gahona, Ricardo Lagos y Juan Ignacio Latorre.
La propuesta incorpora disposiciones destinadas a garantizar el acceso a información clara, verificable y transparente sobre el impacto ambiental de los bienes de consumo, permitiendo a las personas conocer las consecuencias ecológicas de aquello que compran.
Exposiciones técnicas durante el análisis
En el marco de su estudio, la Comisión escuchó a especialistas del ámbito público y de la sociedad civil, el subdirector de Producción Sustentable de la Agencia de Sustentabilidad y Cambio Climático, Sebastián Carvallo; la coordinadora de Acuerdos de Producción Limpia, Daniela Vásquez; y la directora ejecutiva de Fundación Basura, Tamara Ortega.
Cómo funcionaría el ecoetiquetado
El proyecto establece un marco normativo para implementar ecoetiquetas de carácter voluntario, orientadas a que los consumidores puedan tomar decisiones informadas al conocer el impacto ambiental de los productos. Además, busca alinear la normativa nacional con estándares internacionales, como las normas ISO en materia ambiental.
La iniciativa también pretende incentivar la producción sostenible, promoviendo que las empresas reduzcan su huella ecológica y obtengan certificaciones que visibilicen su desempeño ambiental. Asimismo, apunta a generar mayor transparencia en el mercado y combatir el “greenwashing”, práctica mediante la cual algunas compañías se presentan como más ecológicas de lo que realmente son, mediante estándares claros, verificables y comparables.
Información visible y verificable
La normativa dispone que los productos adheridos al sistema deberán incluir información visible en su envase, embalaje o documentación, detallando aspectos como su ciclo de vida, reciclabilidad o reutilización, composición de materiales biodegradables o tóxicos, consumo energético y otras variables relevantes para medir su impacto ambiental.
Las etiquetas deberán contener, al menos, un pictograma estandarizado aprobado por la autoridad competente, los parámetros ambientales evaluados, como la huella de carbono expresada en kilogramos, y un código QR que permita acceder a información detallada del producto.
Se trata de una herramienta de certificación voluntaria a la que las empresas podrán acceder si cumplen criterios ambientales definidos por una entidad calificadora acreditada e independiente.
Beneficios para consumidores, empresas y medio ambiente
Para los consumidores, el ecoetiquetado permitirá acceder a información confiable y sencilla, facilitando la elección de productos con menor impacto ambiental y fortaleciendo la confianza en las marcas.
Para las empresas, representa una oportunidad de diferenciación en el mercado, mejora en los procesos productivos, acceso a nuevos nichos y fortalecimiento de su imagen corporativa al demostrar un compromiso voluntario con la sostenibilidad.
Para el medio ambiente, la iniciativa contribuirá a reducir la contaminación, incentivar la innovación en procesos y productos más sostenibles y promover una transición gradual hacia patrones de producción y consumo responsables.
Transparentar la huella ambiental
El ecoetiquetado voluntario propone algo más profundo que un nuevo símbolo en los envases, aspira a cambiar la relación entre ciudadanos, empresas y naturaleza. En una época marcada por la urgencia climática y la desconfianza hacia los discursos corporativos, transparentar la huella ambiental puede convertirse en un acto de honestidad pública. Si prospera, la norma no solo ordenará el mercado, sino que también educará al consumidor y empujará a la industria hacia prácticas más responsables. Porque, al final, elegir qué comprar es también elegir el mundo en el que queremos vivir.