La construcción del puente sobre el Canal de Chacao, destinado a conectar la Isla Grande de Chiloé con el territorio continental chileno, registra un 63% de avance. Al inicio de la actual administración la obra se encontraba en un 44%, por lo que el progreso ha sido sostenido y, según el Ministerio de Obras Públicas, dentro del cronograma previsto.
Conectividad, promesas y realidades
Más que una infraestructura vial, el proyecto ha sido presentado como una solución histórica al aislamiento de Chiloé. La obra busca reducir la dependencia de los transbordadores y asegurar un tránsito permanente, con impactos económicos, sociales y estratégicos para el sur de Chile. Sin embargo, también reabre debates sobre centralismo, prioridades de inversión y el modelo de desarrollo que se impulsa en territorios alejados de los grandes centros urbanos.
Inversión millonaria y empleo local
El puente implica una de las mayores inversiones en infraestructura del país:
Presupuesto total: $1.041.337 millones de pesos.
Obras de construcción: $800.000 millones.
Asesoría técnica y accesos: $250.000 millones.
Empleo generado: alrededor de 1.200 puestos mensuales.
Las autoridades destacan su efecto dinamizador sobre la economía local, tanto por la contratación de mano de obra como por la actividad asociada a servicios y logística.
Los hitos constructivos de 2026
Durante este año, las tareas se concentran en elementos clave de la estructura:
Finalización del hormigonado de las pilas norte y sur.
Avance de la pila central.
Construcción de vigas de amarre superior.
Instalación de sillas de acero fabricadas en Italia.
Montaje de pasarelas para el tendido del cable principal.
Estos pasos permitirán iniciar la fase decisiva de la obra gruesa.
Entrega prevista para 2028
El cronograma proyecta una marcha blanca y posterior entrega en octubre de 2028, siempre que se mantengan las condiciones técnicas y presupuestarias actuales.
Una obra emblemática bajo la lupa
El puente sobre el Chacao simboliza una apuesta por integrar territorios históricamente postergados, pero también expone las tensiones habituales de las megainversiones públicas como altos costos, largos plazos y expectativas sociales difíciles de satisfacer. La conectividad física no garantiza por sí sola desarrollo equitativo. El verdadero desafío será que esta infraestructura no se convierta únicamente en una postal de ingeniería, sino en una herramienta efectiva para mejorar la vida cotidiana de quienes habitan Chiloé y su entorno.
Por Liliana Romano para Revista Mandato