Por Revista Mandato
El 10 de noviembre, más que una fecha conmemorativa, es una invitación a mirar de dónde venimos y hacia dónde queremos ir. Hoy la Argentina celebra el Día de la Tradición, una jornada que no solo evoca al gaucho con su poncho al viento, sino que también nos recuerda la fuerza viva de una cultura construida en el encuentro de pueblos, lenguas y sueños. Esta fecha rinde homenaje al nacimiento de José Hernández, autor del Martín Fierro, obra cumbre que dio voz al hombre de campo y a su lucha por la dignidad, la libertad y la tierra.
Pero la tradición argentina no se limita al pasado ni se guarda en los museos, es un tejido que se renueva cada día, desde el mate compartido hasta la zamba que resuena en una reunión con amigos.
El legado
El gaucho, figura emblemática del país, fue durante siglos más que un personaje solitario. Representó la resistencia, la hospitalidad, el sentido del honor y la sabiduría práctica que ostenta el hombre de campo. Pero también fue un hombre marginado por las políticas del progreso y la urbanización. En el Martín Fierro, Hernández denunció esa exclusión y transformó al gaucho en símbolo de la identidad nacional. Así, lo que antes fue despreciado como atraso se convirtió en emblema de libertad, identidad y pertenencia.
Hoy, esa figura se resignifica como raíz cultural que invita a repensar el vínculo con la tierra, la solidaridad y la palabra empeñada.
Tradición que se reinventa
La tradición no es rigida, se transforma, se adapta, dialoga con lo nuevo sin perder su esencia. Los jóvenes que hoy bailan chacarera en una plaza, los artesanos que rescatan en sus obras los saberes ancestrales, las comunidades originarias que reivindican sus lenguas y el derecho a sus tierras, los músicos que fusionan folclore con sonidos electrónicos, todos ellos son herederos y creadores de una tradición viva.
Celebrar este día implica reconocer que la identidad argentina no es una sola, sino muchas. Desde el norte hasta la Patagonia, desde los pueblos originarios y las migraciones antiguas y recientes, el país se nutre de una diversidad que también es tradición.
Puente hacia el futuro
En un mundo globalizado que tiende a homogeneizar, mantener vivas las costumbres, la música, los oficios y las expresiones locales es un acto de resistencia. La tradición no debe ser un refugio nostálgico, sino un puente hacia el futuro, una forma de decir “aquí estamos” con orgullo y conciencia.
Cada mate cebado, cada palabra en quichua o guaraní, cada festividad regional reafirma algo profundo, que la identidad se sostiene en la memoria compartida y en el deseo de seguir creando desde lo propio.
Volver a las raíces para seguir andando
El Día de la Tradición nos obliga a mirar atrás, no con melancolía, sino con gratitud, porque lo que somos hoy tiene la huella de quienes dejaron en su camino el coraje, la resiliencia y la esperanza de un porvenir mejor.
Ser tradicional, en el mejor sentido, es no olvidar lo que nos une: el trabajo, la palabra, la familia, la comunidad y el amor por esta tierra diversa y compleja. Ser tradicionalista es recordar que la patria, más que una tierra con fronteras, es una forma de estar juntos.
La tradición que dejaremos
Y quizás la pregunta más importante que nos deja este día es: ¿Qué tradición construiremos nosotros para las generaciones venideras?
En tiempos donde las pantallas reemplazan las rondas de mates con amigos, donde la actualidad pesa más que la memoria, el desafío se torna enorme. Tal vez la verdadera herencia no sea solo saber danzar el pericón o preservar una receta de cómo hacer locro o empanadas, sino la capacidad de seguir encontrándonos, de reconocernos en la diferencia y de valorar lo simple y lo común.
Si logramos transmitir el respeto por la palabra dada, la solidaridad frente a la injusticia y el amor por la tierra que habitamos, entonces habremos tejido una nueva tradición, la de un país que no olvida de dónde viene, pero que sigue andando hacia donde sueña.
Los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera, tengan unión verdadera en cualquier tiempo que sea, porque si entre ellos se pelean los devoran los de afuera. José Hernández.
¿Porqué se celebra el Día de la Tradición el 10 de noviembre?
Por el nacimiento de José Hernández (1834), el poeta, periodista y político argentino autor de El Gaucho Martín Fierro, obra cumbre de la literatura nacional.
Contexto histórico y el significado
¿Por qué José Hernández?
Hernández fue quien elevó la figura del gaucho —hasta entonces marginado por las políticas de la época— al rango de símbolo nacional.
A través de El Gaucho Martín Fierro (1872) y La vuelta de Martín Fierro (1879), retrató la vida del hombre de campo, su relación con la tierra, su lucha contra la injusticia y su profundo sentido de libertad.
Sus versos defendían valores que hoy consideramos parte esencial de la identidad argentina como:
El trabajo,
La honestidad,
La palabra empeñada,
La solidaridad y
La resistencia frente al abuso del poder.
Por eso, su nacimiento fue elegido como símbolo del alma popular argentina, especialmente del gaucho y del espíritu criollo.
Cuándo y cómo se instituyó oficialmente
La idea de celebrar un “Día de la Tradición” surgió en la provincia de Buenos Aires en 1938, impulsada por un grupo de vecinos de San Antonio de Areco —considerado uno de los pueblos más tradicionales del país—, entre ellos Ricardo Güiraldes, autor de Don Segundo Sombra. Ese mismo año, por Ley Provincial N.º 4756, Buenos Aires declaró el 10 de noviembre como “Día de la Tradición”.
Luego, en 1975, mediante la Ley Nacional N.º 21154, la celebración se extendió a todo el territorio argentino, consagrándose oficialmente como fecha nacional.
Qué representa hoy
El 10 de noviembre no es solo un homenaje literario, sino una reafirmación cultural:
una oportunidad para rescatar las raíces criollas, la música, la danza, las costumbres rurales y los valores que conforman la identidad argentina.