En tiempos donde la alimentación cotidiana está cada vez más dominada por productos ultracalóricos y hábitos acelerados, el debate sobre qué comemos dejó de ser un asunto privado para convertirse en una cuestión de salud pública. La Comisión de Salud del Senado de Chile, se dispone a votar una moción que obligaría a exhibir las calorías de cada plato en menús de restaurantes, cafeterías y locales similares. La iniciativa, presentada como una herramienta informativa, también revela la tensión de fondo de cuánto debe intervenir el Estado en decisiones que, hasta ahora, pertenecían al ámbito individual y al mercado gastronómico.
Qué propone la iniciativa
La Comisión acordó votar en general y particular el proyecto que modifica la ley de composición nutricional de los alimentos y su publicidad (Boletín N° 18001-11), con el objetivo de informar el contenido calórico de las preparaciones ofrecidas al público.
La propuesta, de apoyo transversal, busca desincentivar el consumo de alimentos altamente calóricos, habituales en cafeterías, restaurantes, fuentes de soda y pubs. La norma obligaría a que los locales exhiban, junto a la descripción y el precio, la cantidad de calorías de cada plato o porción, tanto en menús físicos como digitales.
El autor de la moción, el senador Sebastián Keitel, sostuvo ante la comisión que el propósito es enfrentar los altos índices de sobrepeso y obesidad. Aseguró además que la medida no implicaría costos significativos para la industria gastronómica ni la contratación obligatoria de nutricionistas, ya que, según explicó, herramientas de inteligencia artificial podrían estimar las calorías a partir de imágenes de los platos.
Datos que encendieron la alarma
Durante la sesión del 21 de enero último, en la que participaron los senadores Ximena Órdenes, Iván Flores (presidente) y Francisco Chahuán, se presentaron cifras que grafican la magnitud del problema alimentario:
Solo el 5% de la población chilena considera que se alimenta de forma saludable.
El consumo anual per cápita de pan alcanza los 96 kilos, mientras que el de legumbres apenas llega a 2 kilos.
El 70% de las personas con sobrepeso u obesidad no se percibe como tal, y muchos consideran saludables a sus hijos con estas condiciones.
Estos números sustentan la idea de que la falta de información, o de conciencia, es parte central del problema.
El camino legislativo
La Comisión solicitó autorización para refundir esta iniciativa con otro proyecto similar (Boletín N° 16319-11), impulsado por la senadora María José Gatica junto a los senadores Keitel, Alejandro Kusanovic y Carlos Kuschel. Ambos textos comparten la finalidad de entregar a los consumidores información esencial sobre el contenido calórico de los alimentos preparados que se venden en restaurantes, patios de comida, food trucks y locales equivalentes. El proyecto base establece que los establecimientos deberán informar de manera clara, visible y permanente las calorías de cada plato, bebida o producto ofrecido, ubicando ese dato junto al nombre del alimento para que el consumidor lo conozca al momento de elegir.
La sociedad necesita un cambio cultural
La iniciativa abre un debate que trasciende lo nutricional. Por un lado, apunta a empoderar al consumidor mediante información transparente en un contexto de creciente obesidad. Por otro, plantea interrogantes sobre la eficacia real de estas medidas que es saber cuántas calorías tiene un plato no necesariamente modifica hábitos arraigados ni condiciones socioeconómicas que influyen en la alimentación.
La discusión también expone un cambio cultural más amplio, como lo es que la comida deja de ser solo placer o tradición para convertirse en un dato cuantificable, casi clínico. Entre la responsabilidad individual y la intervención estatal, el Congreso intenta trazar una línea que todavía no está del todo clara.
Si la norma avanza, no solo cambiarán los menús. Cambiará, posiblemente, la forma en que la sociedad se mira a sí misma frente al espejo de sus propios hábitos alimentarios.
Por Liliana Romano, para Revista Mandato