La entrevista a la escritora chilena Margarita Hernández Castañeda, conocida literariamente como Maya Soriano, propone un recorrido íntimo por una experiencia literaria marcada por la memoria, la oralidad familiar y el compromiso social. Su llegada tardía a la escritura, luego de atravesar profundas pérdidas personales, convirtió a la literatura en un acto de salvación y testimonio. Autodidacta y autogestionada, Soriano construye una voz que dialoga con la tradición popular, el linaje femenino y la historia social de Chile y América Latina. Su obra refleja esta trayectoria. Su primer libro, Para que no me olvides (2013), da inicio a un camino que continúa con Cuentos de barrio (2015). En 2017, tras incorporarse al Taller Literario Letras en el Llano, participa en la antología Un Carnaval y Todas las Vidas (2018) y en Jaula de Papel (2020). Finalmente, su cuarto libro, Los socios y otros relatos (2022), nació de cuadernos guardados durante décadas, en los que rescata personajes, escenas y afectos que persisten frente al olvido. A lo largo de la entrevista, Soriano revela una concepción de la escritura como ejercicio de una historia viva, donde narrar es también una forma de afirmar la valía de lo vivido y de quienes habitan sus relatos. Su estilo, que en ocasiones recuerda a Alfonso Alcalde, Julio Cortázar o Juan Rulfo, conjuga emoción, memoria y compromiso social, consolidando su lugar en la literatura chilena contemporánea.
¿Qué la llevó a convertirse en escritora? ¿Recuerda el momento en que la literatura se transformó en un camino de vida para Ud?
Más que escritora, siempre fui una persona a la que le gustó contar historias. Recuerdo que, a mis 54 años, después de atravesar un profundo proceso de pérdidas familiares, la literatura se convirtió en mi salvación. Fue entonces cuando decidí lanzar mi primer libro de manera autogestionada y autodidacta.
¿Cómo influyen sus raíces, su lugar de origen y su entorno social en la construcción de tu voz literaria?
Mi padre era un gran contador de cuentos e historias, un personaje capaz de congregar a mucha gente a su alrededor. Mi madre, en cambio, era una declamadora apasionada de Gabriela Mistral y Rubén Darío. Hago aquí una acotación importante: ninguno de los dos había terminado la educación básica. Creo que esa fue, sin duda, la mayor influencia que pude tener.
El nombre Maya Soriano tiene una fuerza simbólica. ¿Qué representa para Ud. ese seudónimo?
El nombre Maya Soriano tiene para mí un profundo poder simbólico y sentimental, vinculado a mi abuelo paterno, Lucho Soriano. Representa mis raíces y la memoria que me habita.
¿Cómo nace un texto en Ud? ¿Qué detona la necesidad de escribir: la memoria, la emoción, la injusticia, la belleza?
Mi necesidad de escribir nace, básicamente, de la memoria. A partir de ella aparecen de forma natural otros aspectos, como la belleza, la justicia y, por supuesto, la emoción que implica recordar. Porque, como dice el dicho, sin memoria no hay historia.
¿Tiene algún ritual o hábito creativo que acompañe su proceso de escritura?
Siempre presto atención a las conversaciones ajenas, a las anécdotas y a los personajes que acompañan esos relatos. Un lápiz y un papel me han acompañado siempre. También leo biografías de escritores, algunos conocidos y otros no tanto, y esa lectura me nutre de conocimiento y de experiencias.
¿Qué lugar ocupa la mujer en su literatura?
Para mí, la mujer lo significa todo: son mis abuelas, mi madre, yo, mis hijas y, espero, también mis nietas, provenientes de una familia forjada en el matriarcado.
¿Cómo dialoga su escritura con la realidad política y social de Chile y América Latina?
Desde ese lugar, me interesa profundamente la realidad política y social, ya que he sido partícipe cercana y activa de diversos hitos sociales de la historia de Chile. Es, entonces, un resultado natural que todas estas experiencias atraviesen mis cuentos.
¿Cree que el arte y la literatura deben tener un compromiso político o social, o basta con el compromiso literario?
Para mí, no existe arte sin compromiso social y político.
¿Cómo entiende la relación entre memoria y literatura? ¿Cree que escribir es una forma de resistir el olvido?
La historia debe ser contada y debe quedar como testimonio.
¿Qué autores han marcado su formación literaria y humana?
Los autores que han marcado mi trayectoria literaria son varios. Aunque pueda parecer un cliché, El Principito fue una lectura fundamental. A Gabriela Mistral la conocí desde la cuna. Los escritores rusos, como Chéjov y Tolstói, con sus cuentos breves, me han emocionado profundamente. Hernán Rivera Letelier me hizo recorrer el desierto y conocer la vida íntima de los mineros; con Manuel Rojas descubrí la dignidad. Es inevitable nombrar a Isabel Allende, Marcela Serrano y María Luisa Bombal. Almudena Grandes, con sus relatos desgarradores, es una de mis escritoras favoritas.
¿Hay una generación o una red de escritoras chilenas con las que se sienta especialmente vinculada?
Honestamente, no. Es con la vida y la obra de María Luisa Bombal con quienes me siento más vinculada y profundamente sorprendida.
¿Qué papel cree que cumplen hoy los talleres, los colectivos y las editoriales independientes en el desarrollo de la literatura chilena?
Creo que los talleres literarios son espacios de gran libertad y riqueza para quienes comienzan a escribir: instancias colectivas para conocer nuevas personas y un lugar donde se aprende a criticar, a ser criticado y a integrar esa crítica para mejorar el trabajo de cada quien.
¿Qué desafíos enfrenta hoy como escritora en un contexto cultural que muchas veces precariza el trabajo artístico?
Mi desafío es continuar. El taller me ha forjado una disciplina e escritura, lectura y conocimiento, además de permitirme socializar en un trabajo que suele ser profundamente solitario.
¿Qué proyectos literarios se encuentras desarrollando actualmente?
Actualmente estoy con planes de realizar una reedición de mi libro Los Socios, que antes de su primera edición esperó durante 30 años en una libreta, guardada en mi biblioteca, hasta ser finalmente publicado. En esta nueva versión, planeo agregar más cuentos al libro.
Si tuviera que definir su escritura en una sola palabra, ¿cuál sería y por qué?
La palabra que define mi escritura es esfuerzo, porque esperé muchos años antes de decidirme a escribir un libro.
¿Qué espera que quede en sus lectores después de que ellos recorran sus textos?
Que prevalezca la emoción, la risa y la memoria.
Maya Soriano
La Escritora chilena representa una poética del esfuerzo y la perseverancia, donde la escritura surge como decisión tardía y acto de afirmación personal y colectiva. Para ella, escribir es sobrevivir al olvido, dar valor a las historias pequeñas y ofrecer emoción y memoria. Su obra refleja un compromiso social y político, entendiendo la literatura como un espacio de sentido colectivo y disputa simbólica. La reedición de Los socios y otros relatos, después de treinta años guardado en una libreta, condensa su poética, paciencia, memoria y fidelidad a su propia voz. Lo que deja en sus lectores es emoción, risa y memoria, recordando que la literatura mantiene viva la vida.
Descargar aquí la Entrevista a Maya Soriano