Noviembre llega teñido de azul. No por una moda cromática, sino por un llamado profundo y necesario, la concientización sobre la salud integral del hombre. En Argentina y Chile, como en gran parte del mundo, persiste un patrón cultural que mantiene a los varones alejados de los controles médicos, encapsulados en mandatos de silencio, autosuficiencia y resistencia al cuidado propio. Desde el Ministerio de Salud Pública de Tucumán, bajo la conducción del doctor Luis Medina Ruiz, se impulsa durante este mes una agenda intensa de promoción y prevención que busca romper con ese patrón.
En este contexto, el testimonio del doctor Javier Semrik, urólogo del Hospital Centro de Salud de esta provincia, ofrece una radiografía precisa de los desafíos actuales y las urgencias sanitarias ligadas al universo masculino.
Noviembre azul: origen y sentido de una campaña global
El doctor Semrik recuerda que el “mes azul” nació en 2003 en Australia, cuando un grupo de amigos decidió dejarse bigote, símbolo del movimiento Movember, como gesto de apoyo y visibilización de los problemas de salud masculina. Desde entonces, la campaña trascendió fronteras y se convirtió en una iniciativa mundial.
Aunque suele asociarse principalmente al cáncer de próstata, Semrik aclara que su alcance es mucho más amplio:
- Cáncer de testículo, una patología menos frecuente pero altamente relevante y que afecta especialmente a hombres jóvenes.
- Salud mental masculina, tema históricamente invisibilizado, que incluye la prevención del suicidio, una problemática que golpea con fuerza a los varones.
En síntesis: no se trata solo de un mes de bigotes, sino de un mes para hablar en serio de todo aquello que los hombres tienden a callar.
La barrera cultural que sigue frenando los controles
El urólogo señala un problema estructural: el hombre suele resistirse a consultar al médico.
Los consultorios lo evidencian:
- Muchos llegan acompañados y a veces empujados por sus parejas, quienes suelen ser las que detectan, insisten y verbalizan la preocupación.
- A diferencia de las mujeres, que ya tienen interiorizada la rutina de controles preventivos (como papanicolau, mamografías y chequeos ginecológicos), los hombres no han incorporado estos hábitos a su vida cotidiana.
Esto no solo retrasa el diagnóstico de enfermedades urológicas, sino que también oculta algo más profundo: la consulta médica se convierte en un espacio donde emergen ansiedades, angustias y problemáticas emocionales que no llegan a otros profesionales. “A veces somos los primeros oyentes de padecimientos que nunca llegaron a un psicólogo o psiquiatra”, explica Semrik. Ese primer diálogo, a veces torpe, a veces tardío, pone en evidencia la necesidad de un enfoque más integral.
Promover una salud masculina integral: un desafío urgente
Para el doctor Semrik, noviembre es una oportunidad para insistir en una idea que debería durar todo el año el hombre debe ser entendido como un ser integral, cuyo bienestar depende tanto de su salud física como de su salud mental.
La próstata y los testículos no pueden pensarse aislados de los vínculos, las presiones laborales, los estigmas emocionales y el contexto social en el que viven los varones. La campaña, entonces, busca:
- Promover la consulta temprana.
- Desarmar los prejuicios masculinos sobre “soportar” o “aguantar”.
- Instalar el autocuidado como acto de responsabilidad y no como signo de debilidad.
- Reivindicar el derecho de los hombres a expresar malestar sin culpa ni vergüenza.
Noviembre azul
Este mes nos recuerda algo fundamental, cuidarse también es una forma de coraje. En un entramado cultural que todavía premia el silencio masculino y castiga la vulnerabilidad, hablar de salud es un acto político, emocional y social.
La salud masculina no puede seguir reducida a una consulta tardía ni a un diagnóstico que pudo evitarse. Es un terreno que exige educación, empatía y políticas públicas sostenidas. Tal vez, como sugiere esta campaña, sea tiempo de que los hombres se permitan, por fin, ocupar el lugar que nunca debieron abandonar: el de su propio cuidado.