El Gobierno libertario de Javier Milei, confirmó la transmisión gratuita de los partidos que dispute la Selección argentina mientras promete no usar fondos públicos.
Entre la pasión popular y la escena política
Pocas cosas movilizan, en Argentina, tanto como el fútbol. Y pocas decisiones generan tanta adhesión inmediata, como garantizar que la Selección de fútbol pueda verse sin pagar un abono. En ese cruce entre emoción colectiva y estrategia gubernamental se inscribe el anuncio realizado por el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, quien confirmó que los partidos de Argentina en el Mundial 2026 serán transmitidos por la TV Pública y Radio Nacional.
La noticia, difundida este lunes 19 de enero, volvió a poner al deporte más popular del país en el centro del debate político, económico y cultural, en un contexto donde el Gobierno libertario busca consolidar su narrativa de austeridad mientras recurre, paradójicamente, a símbolos de alto impacto emocional.
El anuncio oficial y su encuadre comunicacional
A través de un mensaje publicado en la red social X, al que accedió la Agencia Noticias Argentinas, Adorni sostuvo que “La Televisión Pública y Radio Nacional transmitirán todos los partidos de la Selección argentina durante la Copa del Mundo 2026”.
El funcionario remarcó que la cobertura se realizará “gracias a un acuerdo comercial”, aclarando que el costo de los derechos de transmisión no será afrontado con fondos provenientes de impuestos. “Para todos, sin usar la plata de todos”, con ese énfasis, el Gobierno intenta blindar la medida frente a críticas vinculadas al uso de recursos estatales, en sintonía con su discurso de reducción del gasto público y achicamiento del Estado.
El fútbol como política blanda
Más allá del dato deportivo y televisivo, el anuncio no puede leerse por fuera de su dimensión política. La transmisión gratuita de los partidos de la Selección vuelve a colocar al Estado como mediador privilegiado del espectáculo más convocante del país, aún en un gobierno que se define a sí mismo como libertario y defensor de la mínima intervención estatal.
La paradoja es evidente, mientras se promueve el retiro del Estado de áreas sensibles como la cultura, la ciencia o la educación, se preserva su presencia en uno de los pocos escenarios donde el fútbol tiene adhesión social casi automática.
Pan, circo y populismo emocional
Que los partidos sean gratuitos es, sin duda, una buena noticia para millones de argentinos. Pero también es necesario leer esta decisión más allá de la superficie porque el acceso libre al fútbol funciona como una forma contemporánea de “pan y circo”, una política de seducción emocional que atraviesa ideologías y épocas.
En este caso, el gobierno libertario, que reniega del populismo discursivamente, recurre a una de sus herramientas más eficaces como lo es ofrecer entretenimiento masivo como símbolo de cercanía con la gente, aún cuando el resto de sus políticas profundiza ajustes y recortes.
Así, la Selección vuelve a ser mucho más que fútbol para convertirse en una pieza central del tablero político, donde la pasión popular se convierte, una vez más, en capital simbólico para gestionar consenso. En tiempos de tensiones económicas y sociales, garantizar el espectáculo puede ser, al mismo tiempo, un alivio colectivo y una estrategia de gobierno para sumar adherentes.
Fútbol para todos, sin usar la plata de todos
Si el gobierno libertario busca diferenciarse de las experiencias anteriores, el eje no debería ser solamente quién paga, sino cómo se gestiona, con qué reglas y bajo qué nivel de control público.
La promesa de transmitir los partidos de la Selección “sin usar la plata de todos” instala la expectativa legítima de que los acuerdos comerciales, que sostienen ese esquema, sean claros, verificables y auditables. No alcanza con afirmar que no hay fondos públicos involucrados; es imprescindible demostrarlo.
La sociedad argentina conoce demasiado bien los antecedentes donde el fútbol, lejos de ser solo un espectáculo, funcionó como caja opaca, zona gris de contratos, intermediarios y decisiones discrecionales. Por eso, en este nuevo intento, el desafío no es solo económico, sino institucional.
Transparentar implica publicar los contratos, detallar quién financia, bajo qué condiciones, qué empresas participan y qué contraprestaciones recibe el Estado. Implica, además, que los organismos de control puedan acceder sin restricciones a esa información, evitando que el fútbol vuelva a ser una excepción dentro de la administración pública.
En un gobierno que se presenta como rupturista frente a las viejas prácticas, el fútbol es una prueba de coherencia en la que se convierte en ejemplo de apertura y rendición de cuentas o confirma que, incluso bajo discursos de mercado, el espectáculo masivo sigue siendo un territorio tentador para la opacidad.
Que los partidos sean gratuitos puede ser una buena noticia. Que su financiamiento sea claro, limpio y accesible para cualquier ciudadano debería ser la verdadera victoria política e institucional.
Primeros partidos mundialista de Argentina
El partido inaugural se realizará el jueves 11 de junio a las 16 h, cuando México se enfrente a Sudáfrica en el estadio Azteca.
La Selección argentina, comenzará a defender el titulo de campeón mundial, el martes 16 de junio a las 22 h, enfrentando a Argelia en el Kansas City Stadium.
En el segundo partido, Argentina se enfrentará con Austria. El partido tendrá lugar el lunes 22 de junio a las 14 h, en el Dallas Stadium.
En el mismo estadio, Argentina jugará con Jordania. El partido se realizará el sábado 27 de junio a las 23 h.
El campeonato finalizará el 19 de julio.