Mientras miles de devotos iniciaron la tradicional caminata hacia la Virgen del Valle (Catamarca) y otros lo harán, horas antes del 8 de diciembre a La Reducción (Tucumán); el Ministerio de Salud Pública difundió una serie de recomendaciones esenciales para garantizar un trayecto seguro, consciente y respetuoso del cuidado del propio cuerpo.
Peregrinación
La caminata religiosa es un acto de fe, pero también un desafío físico que exige previsión. Por eso, Salud insiste en la importancia de entrenar previamente, fortalecer piernas y respiración, y reconocer los propios límites antes de iniciar un recorrido de larga distancia.
Ropa, calor, noche y ruta: lo que no puede ignorarse
La cartera sanitaria recordó que el equipo adecuado es determinante:
- Calzado cómodo y resistente, capaz de acompañar kilómetros de caminata.
- Ropa liviana y de colores claros durante el día, para disminuir el impacto del sol.
- Prendas refractarias por la noche, para asegurar visibilidad y reducir riesgos en rutas compartidas con vehículos.
A esto se suma la necesidad de caminar con atención, manteniéndose siempre del lado izquierdo de la calzada, respetando las indicaciones del personal de control y resguardando pertenencias.
Hidratación que sostiene, alimentos que acompañan
La hidratación no admite improvisaciones: hay que tomar agua aunque no se sienta sed, reponer sales y evitar bebidas alcohólicas o azucaradas que aceleran la deshidratación.
Los alimentos energéticos —frutas, frutos secos, barras cereales— ayudan a mantener el ritmo sin exigir esfuerzos bruscos al organismo.
Cuidarse y cuidar
El Ministerio remarcó la importancia de atender especialmente a niños, adultos mayores y personas con enfermedades crónicas, quienes pueden requerir mayor acompañamiento. Ante cualquier síntoma como mareos, cansancio extremo o dolor, lo indicado es detenerse, buscar sombra y solicitar asistencia en los puestos sanitarios distribuidos a lo largo del camino.
Una peregrinación que se transita con el cuerpo y el espíritu
Siguiendo estas pautas y respetando también la seguridad vial, la experiencia puede vivirse con mayor serenidad. La fe impulsa, pero el cuidado sostiene. Prepararse, escuchar al propio cuerpo y caminar con responsabilidad permite que cada peregrino llegue a destino con la misma emoción con la que partió, la de un viaje que honra una tradición católica profunda y compartida como es la conmemoración de la Inmaculada Concepción de María, que se recuerda cada 8 de diciembre.