Un ambicioso enlace digital entre Valparaíso y Hong Kong avanza con bajo perfil y genera preocupación en el Congreso chileno por sus implicancias geopolíticas, de seguridad de datos y falta de información pública. Legisladores reclaman transparencia y una revisión urgente del proyecto.
Un cable directo entre Chile y China
Desde el Portugal Portuario e Infobae se explico que el proyecto Chile–China Express (CCE) propone tender un cable submarino de fibra óptica entre Valparaíso y Hong Kong, con una capacidad anunciada de hasta 16 terabits por segundo. Impulsado por la multinacional Inchcape Shipping Services (ISS) y respaldado por la administración de Gabriel Boric, la iniciativa promete mejorar la velocidad, confiabilidad y costos de la transmisión de datos, posicionando a Chile como un hub digital alternativo en la red global de telecomunicaciones.
Según sus promotores, el CCE permitiría además diversificar las rutas de conexión internacional del país, hoy mayormente dependientes de cables que pasan por Estados Unidos, fortaleciendo así la autonomía digital chilena.
Avances sin cronograma ni información pública
A diferencia del Cable Humboldt, proyecto impulsado por el propio Estado chileno junto a Google y socios internacionales, con trazado público, inversión estimada y fecha de entrada en operación prevista para 2027, el Chile–China Express carece de anuncios oficiales, detalles de financiamiento y consorcio identificado.
En registros del sector aparece apenas como una iniciativa “en progreso”, lo que ha alimentado críticas por el secretismo con el que se estaría gestionando un proyecto de alto impacto estratégico.
Riesgos geopolíticos y de seguridad digital
El principal foco de inquietud radica en el rol de China en la eventual gestión de nodos críticos de transmisión. Legisladores advierten que la legislación china, en particular sus leyes de Ciberseguridad e Inteligencia Nacional, obliga a empresas a colaborar con los servicios de inteligencia del Estado, lo que podría habilitar el acceso a datos que circulen por infraestructuras bajo su control.
Dado que Chile funciona como punto de tránsito regional, tráfico de países como Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay, Perú o Ecuador podría verse enrutado por este cable, ampliando el alcance del debate más allá de las fronteras chilenas.
Críticas desde el Congreso: “un proyecto incómodo”
El senador Alejandro Kusanovic fue uno de los primeros en advertir públicamente sobre el CCE. En una columna publicada en 2025, calificó la iniciativa como “incómoda” y cuestionó su avance en el tramo final del gobierno de Boric, alertando sobre el impacto en la política exterior chilena y en su vínculo histórico con Estados Unidos.
El legislador también criticó que el proyecto no integre territorios insulares y sugirió que esa omisión podría favorecer una ruta alternativa impulsada por China. A su juicio, los cables submarinos son activos estratégicos que requieren conducción estatal, reglas claras y pleno respeto a la institucionalidad.
Pedido de corrección al nuevo gobierno
Tras la elección presidencial, Kusanovic exigió al futuro gobierno de José Antonio Kast que revise y corrija con urgencia el Chile–China Express. Denunció falta de conducción institucional, decisiones poco transparentes y ausencia de definiciones claras desde la Cancillería.
En ese marco, también cuestionó la instalación en Chile de China Mobile, empresa que ya constituyó una filial local, y la presencia científica y marítima china en el Pacífico sur, interpretadas como señales de posicionamiento estratégico.
Sesión secreta y rol fiscalizador del Congreso
La preocupación llegó también a la Cámara de Diputados. El legislador Hotuiti Teao confirmó el pedido para realizar una sesión secreta de la Comisión de Defensa Nacional con el fin de analizar los antecedentes del proyecto, con participación del Ministerio de Transportes y Telecomunicaciones.
Teao subrayó que se trata de infraestructura crítica, con participación de un actor extranjero en un ámbito sensible, sin evaluación pública conocida en materia de seguridad o ciberseguridad, y con un punto de conexión en el Puerto de Valparaíso, considerado estratégico.
Un debate abierto sobre soberanía digital
El Chile–China Express expone una discusión de fondo: cómo compatibilizar inversión extranjera, desarrollo tecnológico y cooperación internacional con intereses estratégicos de largo plazo. Mientras el proyecto promete beneficios técnicos, el reclamo transversal del Parlamento apunta a transparencia, control institucional y visión de Estado antes de avanzar con una obra que podría redefinir la inserción digital de Chile, y de la región, en el escenario global.