Las ferias libres, en Chile, avanzan hacia un reconocimiento más amplio y ordenado, consolidándose como espacios productivos que conectan economía local, alimentación y vida comunitaria. En ese sentido, se aprobó una normativa que consideradas ferias libres las ubicadas tanto en zonas urbanas como rurales, siempre que cuenten con permisos habilitantes para la venta de productos alimenticios de origen vegetal o animal, en un porcentaje mínimo que oscila entre el 51 y el 70 por ciento de su oferta total.
Quiénes pueden solicitar la instalación de una feria
El nuevo marco establece criterios participativos para la creación de estas unidades productivas. La solicitud para instalar una feria libre podrá ser presentada por el Consejo Participativo Comunal de Ferias, por juntas de vecinos, por organizaciones comunitarias de la comuna, o bien por al menos veinticinco vecinas o vecinos con domicilio en la unidad vecinal donde se proyecta su emplazamiento.
La petición deberá ser fundada y elevada formalmente ante la autoridad municipal correspondiente.
Resguardo frente a las grandes superficies
Uno de los puntos centrales del debate fue la relación entre ferias libres y otros formatos comerciales. En ese sentido, se resolvió que la instalación de supermercados u otros centros comerciales no podrá invocarse como causa única ni suficiente para el cierre de una feria ni para la modificación de sus características esenciales.
La decisión refuerza la idea de convivencia y evita que el avance de grandes superficies desplace prácticas comerciales históricas y de cercanía.
Trabajo, dignidad y no discriminación
También se discutió la exigencia de un certificado de antecedentes penales para quienes soliciten un permiso de trabajo en ferias libres. La propuesta fue finalmente rechazada, luego de que distintos senadores advirtieran que este requisito implicaría una forma de discriminación, incompatible con los principios de reinserción laboral y acceso equitativo al trabajo.
Un consejo con voces diversas
En cuanto a la integración del Consejo Participativo Comunal de Ferias, se definió que contará con dos representantes del sector no gubernamental, académico y/o de organizaciones multilaterales, cuyo objetivo sea promover el desarrollo de las ferias libres y la seguridad alimentaria.
Estos integrantes tendrán derecho a voz, pero no a voto, reforzando el carácter consultivo y plural del espacio.
Cuidar el entramado social
Las ferias libres no son solo puntos de venta, también son lugares de encuentro, trabajo y alimentación cotidiana. El debate y las definiciones alcanzadas muestran un intento por ordenar sin desplazar, regular sin excluir y reconocer que detrás de cada puesto hay una historia laboral, una economía familiar y una comunidad que se organiza.
Sostenerlas es, en definitiva, una forma concreta de cuidar el entramado social que alimenta a las ciudades y a las zonas rurales desde abajo hacia arriba.