En medio de un escenario económico desafiante para las economías regionales, el Gobierno de Tucumán confirmó la llegada de $4.500 millones destinados al sostenimiento de las unidades productivas tabacaleras. Las partidas, provenientes del Fondo Especial del Tabaco (FET), comenzaron a acreditarse recientemente a productores registrados, en el marco del plan operativo 2024/2025 aprobado por la Nación.
La medida, impulsada por la gestión del gobernador Osvaldo Jaldo y articulada por el equipo económico provincial encabezado por Daniel Adad, apunta a sostener uno de los sectores más sensibles de la matriz productiva tucumana.
Un auxilio necesario para sostener la producción
El programa “Ampliación y Consolidación de las Unidades Productivas 2024/2025” contempla la distribución equitativa de recursos entre productores tabacaleros registrados. La aprobación, formalizada mediante la Resolución Nº 17/2026 a nivel nacional, habilitó el desembolso de fondos correspondientes al 20% del FET.
Desde el área productiva, conducida por Eduardo Castro junto a Martín Lazarte, se destacó la rapidez en la articulación con la Coordinación Nacional del Tabaco, un factor clave para que los recursos lleguen en un momento estratégico del calendario agrícola.
El objetivo inmediato es claro, compensar el aumento de costos, evitar la caída de la actividad y garantizar la continuidad de miles de familias vinculadas al cultivo.
Entre la urgencia económica y la dependencia estructural
La transferencia de fondos evidencia una realidad persistente como la fuerte dependencia de las economías regionales respecto de los mecanismos de asistencia estatal.
Si bien el FET cumple un rol histórico en el sostenimiento del sector, también deja en evidencia la fragilidad estructural de la actividad tabacalera. El aumento de insumos, la volatilidad cambiaria y la inflación, medida por el IPC, erosionaron la rentabilidad, obligando a intervenciones periódicas para evitar el colapso productivo.
El desafío no es solo sostener, sino transformar, porque sin mejoras en competitividad, tecnología y acceso a mercados, el sector seguirá atado a ciclos de auxilio financiero.
¿Respuesta coyuntural o política de largo plazo?
Aunque el desembolso representa un alivio concreto, surgen cuestionamientos inevitables, como la falta de previsibilidad debido a que los fondos llegan como respuesta a la urgencia, no como parte de una planificación sostenida. En cuanto a la escasa diversificación productiva, la concentración en el tabaco expone a los productores a riesgos económicos y regulatorios.
En relación a la dependencia del financiamiento público, se debe remarcar que sin incentivos claros para la autosustentabilidad, el esquema puede volverse reiterativo.
Además, queda abierta la discusión sobre la transparencia en la asignación y el impacto real de estos recursos en la mejora estructural del sector.
Hacia un modelo más resiliente
Para trascender la lógica del auxilio periódico, especialistas y actores del sector coinciden en la necesidad de avanzar en:
– Diversificación agrícola: incorporar cultivos alternativos que reduzcan la dependencia del tabaco.
– Innovación tecnológica: mejorar la eficiencia productiva mediante inversión en maquinaria y procesos.
– Acceso a financiamiento privado: generar herramientas que complementen, y no reemplacen, la asistencia estatal.
– Capacitación y agregado de valor: promover la industrialización local para aumentar la rentabilidad.
Estas medidas permitirían construir un esquema más sólido, menos vulnerable a las fluctuaciones económicas.
Sostener hoy, transformar mañana
La llegada de $4.500 millones es, sin dudas, una señal de respaldo político y una herramienta indispensable para evitar la retracción del sector en el corto plazo. Sin embargo, el verdadero desafío está en lo que viene.
Sostener la producción no puede ser el único horizonte. Tucumán necesita avanzar hacia un modelo productivo que combine tradición con innovación, asistencia con autonomía, y urgencia con planificación.
El tabaco sigue siendo un pilar económico, pero su futuro dependerá de la capacidad de reinventarse en un contexto donde la estabilidad ya no está garantizada.
Liliana Romano para Revista Mandato