El Gobierno de Mendoza informo que el ambicioso proyecto del corredor ferroviario hacia el Pacífico, que conectará Argentina y Chile a través de los Andes, conocido como Corredor Bioceánico Aconcagua o tren trasandino, busca crear una nueva ruta de transporte que vincule la región de Cuyo con puertos del Pacífico, potenciando el comercio internacional y la integración regional.
Con una estimación inicial de 4.000 millones de dólares, la iniciativa apunta a construir un ferrocarril eléctrico de alta capacidad de carga atravesando un túnel de baja altura bajo los Andes, lo que permitirá una operatividad segura y constante durante todo el año.
Qué es el Corredor Bioceánico Aconcagua
El proyecto fue formalmente presentado por autoridades provinciales y privadas, con aval de representantes de ambos países. Se trata de una infraestructura ferroviaria que permitirá un cruce eficiente entre Luján de Cuyo (Mendoza) y Los Andes (Chile), estableciendo una conexión directa entre el Atlántico y el Pacífico.
Principales características técnicas
Túnel de baja altura de aproximadamente 52–52,8 km bajo la cordillera, diseñado para operar sin las dificultades climáticas que afectan a los pasos actuales, como Cristo Redentor. Ferrocarril eléctrico de alta capacidad de carga, con proyección de transportar decenas de millones de toneladas por año.
Estaciones multimodales en los extremos del corredor (Luján y Los Andes) para facilitar la transferencia eficiente de mercaderías entre trenes y otros modos de transporte.
Integración de sistemas logísticos y aduaneros entre Argentina y Chile para agilizar los trámites y tiempos de tránsito.
Funcionarios provinciales y representantes de la empresa Corporación América (CASA), participante del consorcio promovente, destacaron que el proyecto no solo reducirá costos, sino que podría habilitar el paso ferroviario transandino todos los días del año en aproximadamente 4 horas, una alternativa confiable frente a las rutas actuales.
Cómo encaja el proyecto en la estrategia logística argentina
Este corredor forma parte de una visión más amplia de modernización del sistema ferroviario argentino, que incluye la reactivación de líneas de carga como San Martín y Norpatagónico, y la mejora de la infraestructura hacia los principales nodos productivos y exportadores del país.
Aunque el trazado bioceánico implicaría un gran salto en conectividad internacional, el Gobierno también impulsa obras complementarias en líneas de cargas nacionales para reducir costos logísticos y potenciar sectores como la agroindustria y la extracción de recursos naturales.
Posibles beneficios económicos y estratégicos
De concretarse, el corredor contribuiría a
Posicionar a Argentina en rutas logísticas globales, conectando sus productos con los mercados de Asia y Oceanía a través de puertos chilenos como San Antonio y Valparaíso.
Reducir tiempos y costos de transporte, en comparación con el uso exclusivo de rutas terrestres y marítimas tradicionales.
Impulsar exportaciones regionales, como minerales, granos, litio y energía, facilitando el acceso a mercados globales.
Integrar físicamente las economías de Argentina y Chile, generando empleo y ampliando las capacidades logísticas binacionales.
Antecedentes históricos del Tren Trasandino
La idea de un tren entre Argentina y Chile no es nueva. A principios del siglo XX se inauguró el Ferrocarril Trasandino que conectaba Mendoza con Los Andes, operando entre 1910 y 1984 hasta que diversos factores naturales desalentaron la actividad causando el cierre definitivo del ramal.
Restaurar o reinventar este corredor se presenta hoy no solo como un desafío de ingeniería, sino como una oportunidad estratégica para revitalizar el transporte ferroviario regional tras años de inversiones focalizadas en otras infraestructuras.
¿Cuándo podría inaugurarse?
Aunque ya existen presentaciones formales del proyecto y compromisos de actores públicos y privados, no hay una fecha oficial confirmada para el inicio de obras ni para su inauguración. Las proyecciones mencionadas en las presentaciones dividen la construcción en etapas que podrían extenderse por varios años.
El proyecto exige estudios técnicos finales, acuerdos binacionales e inversión consolidada, por lo que aún se encuentra en una fase de planificación y consensos políticos e institucionales antes de pasar a la etapa de ejecución definitiva.