En un contexto regional donde la inflación sigue siendo una de las principales preocupaciones económicas de los hogares, Chile registró en febrero de 2026 un dato que rompe con la tendencia de los últimos años, debido a que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) no tuvo variación mensual, marcando un 0%.
La información fue entregada por el Instituto Nacional de Estadísticas de Chile (INE) y rápidamente fue presentada como una señal positiva para la economía familiar. El dato no solo refleja una desaceleración inflacionaria sostenida, sino que además provoca un efecto inmediato en la Unidad de Fomento (UF), indicador clave en la economía chilena.
Sin variación del IPC, la UF no experimentará cambios durante el mes, lo que se traduce en un alivio directo para miles de familias que pagan créditos hipotecarios, arriendos o contratos indexados a esta unidad.
Pero detrás de este número también surgen preguntas inevitables, ¿se trata de un logro estructural de la política económica del Presidente Gabriel Boric o de un momento coyuntural dentro de un ciclo inflacionario más largo?
El dato económico: inflación en su nivel más bajo desde 2020
Según el informe oficial del INE, el IPC de febrero no registró variación mensual (0%), lo que llevó a que la inflación acumulada en los últimos 12 meses descendiera a 2,4%.
Se trata del nivel más bajo registrado en Chile desde agosto de 2020, un punto de referencia relevante si se considera que el país atravesó en los últimos años uno de los ciclos inflacionarios más intensos de su historia reciente.
Al inicio de la actual administración, la inflación se situaba en 9,4%, y posteriormente alcanzó su punto más alto (un peak de 14,1% en agosto de 2022), impulsada por la combinación de factores globales, presiones internas de consumo y la crisis económica posterior a la pandemia.
La reducción hasta el 2,4% anual representa, por lo tanto, una disminución significativa de las presiones inflacionarias y un retorno a niveles más cercanos a la estabilidad de precios que caracterizó a Chile durante décadas.
Impacto directo en el bolsillo de las familias
Uno de los efectos más concretos del IPC sin variación es el comportamiento de la Unidad de Fomento (UF).
Este indicador, utilizado ampliamente en Chile para contratos financieros y comerciales, se reajusta diariamente según la inflación. Cuando el IPC sube, la UF también lo hace; cuando el índice se mantiene estable, el valor de la unidad permanece sin cambios.
En febrero, la inflación nula implica que la UF no registrará variaciones durante el mes, lo que beneficia especialmente a quienes mantienen obligaciones financieras indexadas a este indicador, entre ellas:
Créditos hipotecarios
Arriendos fijados en UF
Contratos inmobiliarios
Algunos servicios y seguros
En términos prácticos, significa una pausa en el encarecimiento de las cuotas mensuales, un alivio que en contextos inflacionarios suele ser poco frecuente.
Qué productos bajaron de precio
El informe del INE también identifica los rubros que registraron descensos durante el mes. Entre ellos destacan principalmente áreas vinculadas al transporte y los servicios básicos.
Las caídas más relevantes fueron:
Transporte aéreo: −22,4%
Gastos comunes: −2,7%
Suministro de electricidad: −1,7%
Estas reducciones contribuyeron a compensar eventuales alzas en otros rubros y ayudaron a sostener el resultado final de inflación cero para el mes.
Especialmente llamativa es la caída del transporte aéreo, que suele registrar fluctuaciones estacionales asociadas a la demanda turística y a los costos del combustible.
Sueldos reales y poder de compra
Otro elemento que el Gobierno destaca como parte de la recuperación económica es el crecimiento sostenido de los salarios reales.
Según las cifras oficiales, Chile acumula casi tres años consecutivos de crecimiento de los sueldos reales, lo que significa que los ingresos han aumentado por encima de la inflación.
En términos económicos, esto implica que el poder adquisitivo de los trabajadores se ha recuperado progresivamente tras el fuerte deterioro provocado por la inflación de 2022 y 2023.
La combinación de precios estabilizados y salarios reales al alza constituye uno de los indicadores que el Ejecutivo presenta como evidencia de una mejora en el bienestar de los hogares.
Los pilares de la política económica
Desde el gobierno se ha señalado que la reducción inflacionaria es resultado de una estrategia basada en tres ejes centrales:
Responsabilidad fiscal
Un manejo cuidadoso del presupuesto público para evitar presiones inflacionarias derivadas del gasto estatal.
Coordinación institucional
Trabajo conjunto entre el Ejecutivo y el Banco Central de Chile, encargado de la política monetaria y del control de la inflación.
Impulso al empleo y a los salarios
Políticas destinadas a fortalecer el mercado laboral y asegurar que el crecimiento económico tenga impacto directo en los ingresos de los trabajadores.
Estos tres pilares han sido presentados como el marco que permitió revertir el escenario inflacionario que dominó la economía chilena hace apenas tres años.
Estabilidad macroeconómica con desafíos sociales pendientes
Si bien el descenso de la inflación al 2,4% anual representa un logro relevante desde el punto de vista macroeconómico, el dato no necesariamente refleja la totalidad de la experiencia cotidiana de las familias.
La inflación promedio puede estabilizarse mientras ciertos costos estructurales (como vivienda, salud o educación), continúan siendo elevados en relación con los ingresos.
Además, la caída del IPC no implica que los precios hayan bajado de manera generalizada; en muchos casos los productos simplemente dejaron de subir, pero se mantienen en niveles altos en comparación con años anteriores.
En otras palabras, la estabilidad de los precios no equivale automáticamente a bienestar económico pleno.
La estabilidad como punto de partida, no como meta
El control de la inflación es, sin duda, una condición necesaria para el desarrollo económico. Chile ha demostrado históricamente una institucionalidad sólida en esta materia, apoyada en el rol del Banco Central y en políticas fiscales prudentes.
Sin embargo, la estabilidad macroeconómica por sí sola no resuelve las tensiones sociales ni las desigualdades estructurales.
El verdadero desafío para la economía chilena en los próximos años no será únicamente mantener la inflación bajo control, sino transformar esa estabilidad en crecimiento inclusivo, acceso real a vivienda y servicios básicos, y oportunidades laborales de calidad.
Porque cuando la inflación se detiene, comienza una pregunta más profunda, ¿quiénes se benefician realmente de esa estabilidad y quiénes siguen esperando que la economía llegue también a su mesa?
Por Liliana Romano para Revista Mandato