La escena del Senado no fue un accidente administrativo ni un malentendido logístico. Fue una señal política. Y como toda señal en materia de seguridad, debería encender alarmas mucho más profundas que una simple molestia parlamentaria.
La fallida sesión de la Comisión de Hacienda, vacía de autoridades del Ministerio de Seguridad y reducida a minutos de formalidad, expone algo que Chile ya no puede seguir maquillando, y es que la seguridad pública no está siendo tratada con la urgencia que exige.
En el centro del problema está el estado de la institución más relevante del orden interno como lo es Carabineros de Chile. Una fuerza que enfrenta déficit de personal, desgaste operativo, sobrecarga regional y una creciente dificultad para atraer nuevos postulantes. Y, sin embargo, el debate político parece seguir atrapado en la superficie con anuncios, gestos y discursos, pero con pocas propuestas concretas que hagan de la carrera policial una opción realmente atractiva, sostenible y digna.
El déficit que nadie quiere nombrar del todo
Hablar del déficit de Carabineros no es solo contar cuántos efectivos faltan en las calles. Es hablar de condiciones laborales, de proyección de carrera, de formación, de seguridad para los propios funcionarios y de reconocimiento institucional real.
Hoy, la pregunta incómoda es otra, ¿por qué un joven elegiría una carrera policial en estas condiciones? La respuesta no se resuelve con campañas comunicacionales ni con frases solemnes en el Congreso. Requiere decisión política, presupuesto sostenido y una estrategia de Estado. Pero ese horizonte no se ve claro.
La política de la ausencia
En ese contexto, la ausencia de la ministra María Trinidad Steinert en una instancia clave no es un detalle menor. Cuando una reforma de modernización policial se discute en el Parlamento, la presencia política no es opcional, es parte del compromiso.
Las excusas cruzadas, los reemplazos fallidos y la falta de coordinación con el subsecretario Andrés Jouannet terminan transmitiendo un mensaje peligroso, que la agenda de seguridad puede esperar, que siempre hay algo más urgente, que la institucionalidad puede funcionar en modo intermitente, cuando en campaña se prometió priorizar la seguridad del país.
Una reforma sin conducción no es reforma
La modernización de Carabineros no es un trámite técnico. Es una transformación estructural de una institución que sostiene el orden público del país. Y ese tipo de procesos no sobreviven sin liderazgo político claro, sin presencia constante y sin coherencia interna.
Cuando el Ejecutivo llega tarde, llega dividido o directamente no llega, el resultado es predecible, es desconfianza legislativa, desgaste institucional y reformas que se empantanan antes de nacer.
Un problema de fondo, no de forma
El ministro José García Ruminot intentó contener el episodio reconociendo descoordinación. Pero el problema no se resuelve con disculpas posteriores. La falla no es solo de agenda, es de prioridad política.
Y en seguridad, las prioridades no son neutras. Cada vacío institucional se traduce en una señal hacia la ciudadanía y hacia las propias fuerzas de orden, se traduce en incertidumbre, improvisación y falta de conducción.
La seguridad no admite postergaciones
Chile enfrenta una encrucijada evidente, o fortalece a Carabineros de Chile con decisiones estructurales, incluyendo su financiamiento, su carrera profesional y su proyección institucional, o seguirá administrando una crisis que se vuelve cada vez más compleja.
La ausencia en el Senado no fue solo física. Fue política. Y en materia de seguridad, las ausencias también gobiernan.
Liliana Romano para Revista Mandato