La inauguración de nuevos espacios en la Biblioteca del Congreso Nacional chileno, refuerza el acceso ciudadano a la cultura y pone en valor el rol de la lectura como herramienta democrática.
Acceso a la lectura
En el marco del Día Internacional del Libro y del Derecho de Autor, el Senado de Chile participó en la inauguración de un nuevo pasillo de acceso a la sala de lectura de la Biblioteca del Congreso Nacional (BCN), en Valparaíso, junto a la reapertura de la remodelada sala Pedro Montt.
La actividad fue encabezada por el director de la BCN, Ignacio Rodríguez, y contó con la presencia de la presidenta del Senado, Paulina Núñez, el vicepresidente de la corporación, Iván Moreira, y la segunda vicepresidenta de la Cámara de Diputados, Ximena Ossandón.
Durante la jornada, las autoridades recorrieron los espacios renovados y visitaron una muestra de ejemplares históricos dispuestos por la biblioteca, además de conocer las actividades organizadas en el contexto de la conmemoración.
Núñez destacó el valor simbólico y práctico de las obras inauguradas, subrayando su aporte en términos de apertura institucional. “Este nuevo acceso refleja una mayor transparencia y accesibilidad, y permite que la sala de lectura esté disponible para todas las personas que visitan este edificio”, señaló.
Nuevas generaciones
En esa línea, la senadora extendió una invitación abierta a la ciudadanía, con especial énfasis en las nuevas generaciones. “Queremos que niños y niñas se acerquen, que conozcan el Congreso y sientan este espacio como propio. La biblioteca no es exclusiva del mundo político, es un lugar público y abierto”, afirmó.
Asimismo, remarcó que la promoción de la lectura trasciende el ámbito educativo. “Facilitar el acceso a los libros es también fortalecer la cultura y ampliar las herramientas con las que cuenta la sociedad”, agregó.
Democratización real del acceso a la cultura
Más allá del gesto institucional, la actividad deja planteada una discusión de fondo, la democratización real del acceso a la cultura. La apertura de espacios físicos es un avance, pero el desafío sigue siendo más profundo y estructural, fomentar hábitos de lectura en contextos atravesados por desigualdades educativas y tecnológicas.
En ese sentido, iniciativas como esta adquieren valor en la medida en que se sostengan en el tiempo y se articulen con políticas públicas más amplias. La lectura, como práctica cultural, no se garantiza solo con infraestructura, sino con voluntad política, continuidad y una estrategia que contemple a los sectores históricamente más alejados de estos espacios.
Liliana Romano para Revista Mandato