Cada 29 de abril se celebra en Argentina el Día del Animal, una fecha que no es casual ni simbólica sin fundamento; recuerda la figura de Ignacio Lucas Albarracín (abogado, presidente de la Sociedad Protectora de Animales), y uno de los principales impulsores de la protección legal, a comienzos del siglo XX (fue impulsor de la Ley Sarmiento -1891-, contra los malos tratos). La conmemoración se estableció en 1908 como un reconocimiento a su labor y a su visión adelantada para su tiempo. Albarracín, trabajo para que la sociedad comprendiera que los animales no son objetos, sino seres que merecen respeto y cuidado.
Más de un siglo después, la pregunta sigue vigente, ¿qué tan lejos estamos de ser consciente de los derechos del animal?
Entre la sensibilidad y la realidad
El Día del Animal no puede quedar reducido a publicaciones en redes sociales o mensajes de afecto aislados. En la vida cotidiana conviven dos realidades difíciles de ignorar, el amor genuino hacia las mascotas y el aumento sostenido de animales en situación de abandono.
Perros y gatos en la calle no son solo una postal urbana, son el resultado de la falta de planificación, de la ausencia de políticas sostenidas y, también, de prácticas sociales que todavía no terminan de consolidar la tenencia responsable.
Tenencia responsable: una deuda colectiva
Hablar de tenencia responsable implica mucho más que alimentar a un animal. Significa asumir compromisos concretos como:
. Vacunación y desparasitación periódica
. Atención veterinaria oportuna
. Esterilización para evitar la reproducción no controlada
. Identificación y resguardo
. Protección frente al maltrato y el abandono
En este punto, las campañas públicas cumplen un rol clave. Se necesitan políticas sostenidas de esterilización gratuita y masiva, acceso a atención veterinaria pública o subvencionada, y programas educativos que comiencen en escuelas y comunidades.
Sin estas herramientas, el problema no se contiene, se reproduce.
El abandono es decisión humana
Detrás de cada animal en la calle hay, en la mayoría de los casos, una decisión previa, abandono, descuido o reproducción sin control. Por eso, la responsabilidad no puede recaer solo en organizaciones proteccionistas, que muchas veces trabajan con recursos limitados y una demanda desbordada.
La sociedad en su conjunto tiene un rol directo:
. Adoptar en lugar de comprar
. No abandonar camadas no deseadas
. Colaborar con hogares de tránsito y refugios
. Denunciar situaciones de maltrato
. Promover la esterilización como norma, no como excepción
. Cuidar es también lo básico: alimento, salud y abrigo
Un animal no necesita grandes discursos, necesita condiciones mínimas de vida digna y eso incluye:
. Alimentación suficiente para evitar el hambre
. Control de parásitos que afectan su salud y la de su entorno
. Protección frente a agresiones, accidentes y violencia
. Refugio ante el frío, la lluvia y el calor extremo
La empatía se expresa en lo cotidiano, un plato de comida, una casita improvisada, una atención veterinaria a tiempo pueden cambiar una vida.
Adoptar: una decisión posible para muchos
La adopción sigue siendo una de las respuestas más efectivas frente al abandono. Existe una idea extendida que vale recuperar; en muchos hogares, donde comen cuatro pueden comer cinco. No como consigna literal de abundancia, sino como recordatorio de que la convivencia responsable muchas veces requiere más voluntad que recursos. Adoptar no es solo “dar un hogar”, es asumir un compromiso real de cuidado.
Atención veterinaria: una necesidad urgente
Sin acceso a servicios veterinarios, la prevención se vuelve un privilegio. Por eso, resulta fundamental impulsar sistemas de atención médica gratuita o accesible, especialmente en zonas vulnerables, donde el abandono animal suele ser más visible y constante.
La salud animal no es un tema aislado, está directamente vinculada a la salud pública y a la calidad de vida comunitaria.
Una reflexión necesaria
El Día del Animal no debería ser solo una fecha conmemorativa, sino un punto de inflexión. Una invitación a revisar prácticas, a sostener políticas públicas más activas y a asumir responsabilidades individuales que, sumadas, pueden transformar realidades enteras.
Porque el modo en que una sociedad trata a sus animales también dice mucho del modo en que entiende el cuidado, la empatía y la convivencia.
Y allí, todavía, queda mucho por hacer.
Por Liliana Romano para Revista Mandato