El Gobierno de Chile inició este lunes la entrega del Bono para Transportistas, una medida anunciada por el presidente José Antonio Kast para mitigar el impacto del aumento sostenido en los precios de los combustibles.
Según informó el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, quienes completaron su inscripción hasta el jueves último, ya cuentan con el beneficio activo. El sistema funciona de manera continua, es decir a medida que nuevos solicitantes se registran, el bono se habilita automáticamente, sin demoras administrativas.
Las postulaciones siguen abiertas y el resultado se obtiene de forma inmediata gracias a un sistema de validación automatizado.
Monto, duración y modalidades de pago
El beneficio consiste en un aporte mensual de $100.000 durante seis meses, destinado a sostener la actividad de taxis, colectivos y transporte escolar, sectores especialmente sensibles al costo del combustible.
La mayoría de los pagos, cerca de 46 mil, se canalizan a través del Bolsillo Electrónico de Combustibles vinculado a CuentaRut, lo que permite una acreditación directa y de uso específico.
El beneficio alcanza a más de 48 mil transportistas
Hasta el momento, 48.284 transportistas han accedido al bono. El desglose oficial muestra la siguiente distribución:
25.491 dueños y conductores de colectivos
15.351 dueños y conductores de taxis
7.439 operadores de transporte escolar
3 beneficiarios del tramo internacional Arica–Tacna
El ministro de Transportes, Louis de Grange, destacó que en apenas dos semanas se logró cubrir cerca del 40% del universo potencial de beneficiarios, lo que evidencia rapidez en la implementación, aunque también deja abierta la pregunta sobre el alcance total de la política.
Condiciones y plazos de postulación
El bono comienza a pagarse desde el mes en que se realiza la inscripción, sin carácter retroactivo. Esto implica una reducción progresiva del beneficio para quienes se inscriban más tarde:
Postulación en mayo: 5 cuotas
Postulación en junio: 4 cuotas
Y así sucesivamente, hasta su finalización hacia fines del invierno
Este esquema incentiva la inscripción temprana, pero penaliza a quienes, por razones administrativas o de acceso a la información, no logran registrarse a tiempo.
Entre la urgencia económica y la solución estructural
El bono representa una respuesta rápida frente a una problemática concreta, que impuso el impacto directo del alza del precio del combustible en la rentabilidad del transporte menor. La implementación ágil y el uso de herramientas digitales muestran un Estado con capacidad operativa cuando existe decisión política.
Sin embargo, la medida también expone sus límites. Se trata de un subsidio temporal que no aborda el problema de fondo que radica en la volatilidad del precio de los combustibles y la dependencia estructural del sector respecto de estos insumos. En ese sentido, el bono actúa más como contención coyuntural que como política de largo plazo.
Además, la ausencia de pagos retroactivos introduce un criterio que puede resultar regresivo, ya que quienes más tardan en inscribirse, frecuentemente los sectores más vulnerables o con menor acceso digital, terminan recibiendo menos apoyo.
Por último, el alcance parcial (40% del universo en dos semanas) abre interrogantes sobre la cobertura real y la efectividad en términos de equidad sectorial.
En síntesis, el bono alivia, pero no resuelve. Funciona como parche necesario en una coyuntura crítica, aunque deja pendiente el debate de fondo, cómo diseñar una política de transporte menos expuesta a las crisis energéticas y más sostenible en el tiempo.
Liliana Romano para Revista Mandato