Con más de 4 mil remolinos de viento en la Plaza de la Ciudadanía, frente al Palacio de La Moneda, se llevó a cabo la conmemoración del Día Internacional por la Lucha contra el Maltrato Infantil. La actividad contó con la presencia del Presidente de la República, José Antonio Kast, quien recorrió la intervención y participó del acto central.
La escena, colorida, simple y profundamente simbólica, buscó poner en el centro del debate la violencia hacia niños, niñas y adolescentes, muchas veces invisibilizada en la vida cotidiana.
Autoridades y sociedad civil: una agenda compartida
En la actividad también estuvieron presentes la ministra de Desarrollo Social, María José Wulf, la Primera Dama, María Pía Adriasola, y la presidenta de la Fundación Viento Sur, Ana Lucy Avilés.
La participación conjunta de autoridades y representantes de la sociedad civil reforzó el carácter transversal del mensaje, que radica en que la protección de la infancia no puede quedar reducida a políticas públicas, sino que exige compromiso activo desde todos los niveles sociales.
El llamado presidencial: escuchar de verdad
Durante su intervención, el mandatario puso el foco en la calidad del vínculo entre adultos y niños, subrayando la necesidad de una escucha genuina. Al respecto manifestó que “Para conectar con tus hijos, debes escuchar con atención real. No hacer dos cosas a la vez, validar sus emociones, comprender por qué un niño está triste, por qué un niño está alegre. Reduce las distracciones. Y aquí las distracciones son de los padres, de los apoderados, cuando hacen como que escuchan, pero están revisando un WhatsApp”.
El Presidente destacó además el valor de las iniciativas impulsadas desde la sociedad civil en torno al cuidado infantil, resaltando cómo gestos cotidianos, representados en este caso por los remolinos, pueden transformarse en herramientas de concientización.
Vínculo, cuidado y proyección familiar
En la misma línea, el jefe de Estado planteó la importancia de sostener una preocupación constante por la vida emocional de los hijos al indicar que “Tenemos que preocuparnos por lo que está haciendo nuestro hijo, lo que le preocupa, lo que le duele, lo que le alegra. Eso nos va a generar una relación increíble para que esta fotografía se invierta, y cuando nosotros seamos mayores y ese niño, ya sea adulto, también podamos abrazarlo”. El mensaje apuntó a una idea de continuidad afectiva: el cuidado en la infancia como base de vínculos futuros más sólidos y recíprocos.
Un reconocimiento con carga simbólica
En el cierre de la actividad, el mandatario agradeció a Ana Lucy Avilés, fundadora de la Fundación Viento Sur “Por devolvernos la esperanza cuando Chile se quemaba, y tengo el honor de contar con una fotografía del avión Supertanker en la oficina de La Moneda. Y ahora también nos devuelve la esperanza, porque es posible tener un Chile mejor”.
Entre el símbolo y la responsabilidad
Para Revista Mandato los remolinos giran con el viento, pero no resuelven por sí solos lo que representan. La escena frente a La Moneda condensa una verdad incómoda, la violencia hacia la infancia no es un fenómeno aislado, sino estructural, muchas veces naturalizado en prácticas cotidianas.
El llamado a “escuchar” no es menor, pero tampoco suficiente si no se traduce en políticas sostenidas, redes de protección eficaces y una revisión crítica de las formas en que los adultos ejercen autoridad y cuidado. La infancia no necesita gestos ocasionales ni consignas emotivas, necesita coherencia, presencia real y responsabilidad constante.
Porque, más allá de los símbolos, la pregunta sigue vigente, ¿cuánto de lo que se proclama en actos públicos logra sostenerse en la vida privada?
Liliana Romano para Revista Mandato